sábado, septiembre 29, 2007

Qué son las "Nuevas realidades eclesiales"

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Buenos Aires, 28 Set. 07 (AICA)

Alejandro Bermúdez, director de Aciprensa

Está en Buenos Aires Alejandro Bermúdez, director de la agencia de información católica ACIPRENSA, del Perú. Invitado por la arquidiócesis de Mendoza, donde participará del Congreso de Laicos, en el que tendrá a su cargo una exposición sobre "El apostolado laical y los desafíos de la nueva evangelización". Nacido en Salta (Argentina) reside desde hace muchos años en su segunda patria, Perú, donde fundó la agencia que hoy tiene un alcance universal en el mundo hispanoparlante.
A su paso por Buenos Aires concedió una entrevista cuyas declaraciones se publican aquí.

-Cada vez se habla más en la Iglesia de "Nuevas Realidades Eclesiales" ¿En qué consisten y cómo han surgido?

-El término "Nuevas Realidades Eclesiales" fue acuñado en la Santa Sede por el Consejo Pontificio para los Laicos y creo que es muy acertado, porque es una manera genérica de describir una serie de nuevos carismas espirituales y apostólicos que están surgiendo al interior de la Iglesia y que están tomando diversas formas oficiales: algunos permanecen como "movimientos laicales", otros han caminado hacia la constitución de institutos seculares o sociedades de vida apostólica, y hay otros que todavía no definieron su figura específica y formal dentro de la Iglesia.

Estas realidades tienen algunas cosas en común que son muy importantes: en primer lugar son iniciativas apostólicas fundamentalmente laicales. En algunas de ellas existen sacerdotes o religiosos, pero el eje de su identidad está en que son entidades que destacan de manera especial el papel del laico, y particularmente del laico en medio del mundo.

Otro elemento en común es el claro componente de renovación espiritual. Estas nuevas realidades comparten un sentido sobrenatural, una conciencia de haber sido convocados por el Espíritu Santo en una hora crítica para la vida de la Iglesia y del mundo.

-¿Es posible encontrar la inspiración de estas "Nuevas Realidades Eclesiales" en el Vaticano II?
-Aunque algunas de estas realidades históricamente surgieron antes del Concilio Vaticano II, son todas ellas hijas espirituales del Concilio, especialmente de la Constitución "Gaudium et spes", sobre la presencia de la Iglesia en el mundo, y, por supuesto, del Decreto "Apostolicam actuositatem", sobre el apostolado de los laicos.

Estos dos documentos, que yo llamo el "manual de campaña" de todo apóstol laico, señalan algunas cosas fundamentales para nosotros los laicos: primero que compartimos con los demás miembros de la Iglesia el mismo llamado a la santidad. Es decir, los laicos no somos "ciudadanos de segunda clase" en la Iglesia, y queda claro que en el mundo secular, en el campo social, político económico y laboral, constituimos los principales apóstoles y evangelizadores.

Las enseñanzas de los pontífices que siguieron al Concilio –de manera especial el recordado Juan Pablo II– no han hecho más que confirmar y reforzar esta convicción en la Iglesia. Basta leer la Exhortación Apostólica post sinodal "Christifideles laici" sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, ese "monumento" al apostolado laical del querido Juan Pablo II.

-¿Por qué hablar de apostolado laical hoy?

-Muy simple, ¡si no somos nosotros los laicos no es nadie! En el pasado, en el contexto de un mundo culturalmente cristiano o en un mundo necesitado de evangelización, que aún no conocía a Cristo, el sacerdote, el religioso y el misionero consagrado eran los protagonistas principales del apostolado. Pero hoy enfrentamos una realidad completamente distinta: vastos territorios teóricamente cristianos se han apartado de Cristo, en lo que llamaría una "apostasía silenciosa".

Hace algunos años el cardenal Bergoglio señalaba que ya no podía decirse que la Argentina era un país mayoritariamente católico. Lo mismo se podría decir de mi país, Perú, y casi de cualquiera otra nación de América Latina y Europa. Hoy los números estadísticos de quienes se llaman católicos no dicen nada. Porque la realidad es que vivimos en un mundo completamente secularizado, donde Dios ha sido arrancado de la vida pública. Pero es la misma vida pública donde el laico se encuentra, donde vive, donde realiza sus actividades cotidianas. Por tanto, repito la pregunta, que tiene una obvia respuesta: Si no es el laico, la laica, ¿Quién anunciará a Cristo como el Redentor y Reconciliador? ¿Quién anunciará a la Iglesia como Sacramento de Salvación?

-¿Cuál es el papel que les toca jugar a estos nuevos movimientos y asociaciones dentro de la Iglesia?

Estas nuevas realidades eclesiales tienen una misión que no fue asignada por sí mismos, ni tampoco por las autoridades de la Iglesia. Son realidades que el Espíritu Santo ha suscitado y que las autoridades de la Iglesia, el Santo Padre y nuestros Obispos han reconocido y apoyado como realidades del Espíritu. Basta recordar cómo tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI convocaron sendos encuentros de estas realidades en ocasión de la Solemnidad de Pentecostés de 1998 y 2006 respectivamente.

Escoger esta fiesta de la Iglesia para reunir a estas nuevas realidades eclesiales no es casualidad sino que revela que éstas están llamadas a vivir su propio carisma, con toda la riqueza de la diversidad y con toda su novedad. Una novedad que hace que algunos autoproclamados "expertos" tilden a estas nuevas organizaciones de "sectas", sin saber siquiera qué es una secta, y mucho menos lo que son estas nuevas realidades eclesiales.

Con todo, se comprende esta ignorancia, usualmente malintencionada, de "almas enanas", como decía un autor francés, porque así sucedió a lo largo de la historia: a San Francisco de Asís lo consideraron "sectario", lo mismo a San Ignacio de Loyola y a otros fundadores.

-¿Qué respondería ante la opinión de muchos de que la Iglesia está "desfasada", que no llega a los hombres y mujeres concretos de hoy, que no satisface sus aspiraciones, especialmente la de los jóvenes?

-Diría claramente que quienes están desfasados son quienes dicen esto. Lo digo con caridad, no como controversia. Si vemos que Juan Pablo II, aun en los momentos más avanzados de su ancianidad y enfermedad, fue capaz de convocar a multitudes de jóvenes una y otra vez; si pensamos que decenas de miles de jóvenes se anunciaron unos a otros, por mensajes de texto en sus teléfonos celulares en Roma que el Papa había partido a la Casa del Padre y citándose en la Plaza San Pedro, ¿quién puede decir que la Iglesia carece de capacidad de convocatoria con los jóvenes?

Existirán personas dentro de la Iglesia que no son capaces de expresar la riqueza de la vida de la Iglesia o la plenitud de respuesta que la Iglesia tiene para el joven de hoy, para el ser humano de hoy… pero esas deficiencias personales no pueden achacarse a la Iglesia. Vengo de visitar Estados Unidos, donde en una sola arquidiócesis 2.500 personas ingresaron este año a la Iglesia Católica, provenientes del agnosticismo o de diferentes denominaciones religiosas. ¡Esto en una sola arquidiócesis! ¿Quién puede decir que la Iglesia perdió capacidad de atracción?

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¿Cuáles cree que son los principales desafíos para que el Evangelio llegue a los jóvenes de hoy? ¿Cree que las "nuevas tecnologías de la comunicación e información" representan un obstáculo para ellos en este sentido?

-Vivimos en una realidad masiva de "agnosticismo funcional", es decir, de gente que se proclama cristiana, pero que en la práctica mira la vida con ojos de no creyente y toma decisiones como no creyente. Los jóvenes han quedado atrapados en medio de esta "burbuja mágica" del mensaje de los medios masivos, de las tendencias culturales, de las modas, de la enseñanza en las escuelas y centros universitarios, incluso de los malos ejemplos en la familia; y es la misión de la Iglesia atravesar esa burbuja para llegar a la esencia del corazón humano, especialmente de los jóvenes.

Pero hay que recordar lo que repetía Juan Pablo II y lo dice ahora nuestro Papa Benedicto XVI: el mejor evangelizador del joven es el mismo joven. Una vez más vemos resaltada la importancia de los laicos, en este caso del laico joven.

En ese marco, para contestar con precisión a la segunda parte de tu pregunta, sobre las nuevas tecnologías, yo no veo en ellas, por sí mismas, una influencia negativa. La tecnología en general es neutra. Depende de cómo se utilice, y la Iglesia tiene que responder para impedir que, siguiendo el Evangelio, los hijos de las tinieblas sean más astutos que los hijos de la luz. Pero una vez más, ¿quién se va a encargar de emplear las nuevas tecnologías para servir mejor a la misión de la Nueva Evangelización? ¿mi párroco? Esa no es la misión del párroco, es la misión privilegiada de los laicos.

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¿No cree Ud. que los medios de comunicación se han vuelto en los promotores de la cultura de muerte, en los principales promotores de todo aquello que se opone al hombre?

-Los medios de comunicación cumplen un papel negativo ciertamente, pero no creo que sea el principal. Es muy fácil criticar a los medios de comunicación, porque expresan con mayor evidencia la cultura de muerte. Pero de ninguna manera son los principales promotores de ella. Y no lo digo porque sea periodista y quiera defender a mis "colegas" porque podría pasarme una vida entera criticándolos.

Creo que mucho más crítico es el papel del mundo académico, la universidad y la escuela, pues de allí provienen las ideologías que se ven luego reflejadas en los medios masivos. Si los medios masivos producen y distribuyen basura, es porque encuentra bocas dispuestas a tragársela. ¿Y cómo es que hemos llegado a un punto en que la basura es tan bien recibida? Si la ideología dominante es la del consumo, la de la autosatisfacción subjetiva que se promueve en nuestras universidades ¿cómo no van a encontrar los medios de comunicación mentes y corazones dispuestos a la basura que producen?

Y por supuesto el principal centro de esta batalla contra el contenido denigratorio de los medios es la familia. Si los padres enseñan a los hijos a "competir en el mundo" a ser "personas de éxito" material, a comenzar la carrera por el bienestar material lo más temprano posible en sus vidas, o que ven al padre y a la madre empleando mucho más tiempo en obtener beneficios materiales que en pasar tiempo con sus hijos, de poco sirve que luego estos padres lleven a los hijos a Misa el domingo, porque el contra–mensaje materialista es mucho más poderoso. Y si son los mismos padres quienes promueven que la televisión se convierta en una "apaciguadora" de los niños en casa, ¿cómo nos quejamos después de que los hijos sigan las modas inmorales de los modelos que proponen los medios?

Aquí se confirma lo que la Iglesia enseña hasta el cansancio: la familia es la Iglesia doméstica y la célula fundamental de la sociedad. Si en ella los seres humanos aprendieran a guiar sus vidas según la fe y los valores de la fe, los medios masivos, tal como son ahora, se quedarían sin audiencia
FUENTE :AICA

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