viernes, septiembre 25, 2009

Por sanación interior

 

 

 

 

 

Padre de bondad, Padre de amor,

te bendigo, te alabo y te doy gracias

porque por amor nos diste a Jesús.

 

Gracias Padre porque a la luz de tu Espíritu

comprendemos que Jesús es la luz,

la verdad y el buen pastor,

que ha venido para que tengamos vida

y la tengamos en abundancia.

Hoy, Padre, me quiero presentar

delante de ti, como tu hijo.

Tú me conoces por mi nombre.

Pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida.

 

Tú conoces mi corazón

y conoces las heridas de mi historia.

 

Tú conoces todo lo que he querido hacer

y no he hecho.

Conoces también lo que hice

o me hicieron lastimándome.

Tú conoces mis limitaciones,

errores y mi pecado.

 

Conoces los traumas

y complejos de mi vida.

 

Hoy, Padre,

te pido que por el amor

que le tienes a tu hijo Jesucristo,

derrames tu Santo Espíritu sobre mí,

Para que el calor de su amor sanador,

penetre en lo más íntimo de mi corazón.

 

Tú que sanas los corazones destrozados

y vendas las heridas,

sáname aquí y ahora de mi alma,

mi mente, mi memoria y todo mi interior.

 

Entra en mí, Señor Jesús,

como entraste en aquella casa

donde estaban tus discípulos

llenos de miedo.

 

Tú te apareciste en medio de ellos

y les dijiste:

"Paz a vosotros".

Entra en mi corazón y dame tu paz.

Lléname de amor.

Sabemos que el amor echa fuera el temor.

 

Pasa por mi vida y sana mi corazón.

Sabemos, Señor Jesús,

que tú lo haces siempre que te lo pedimos,

y te lo estoy pidiendo con María, mi Madre,

la que estaba en las bodas de Caná

cuando no había vino

y tú respondiste a su deseo,

transformando el agua en vino.

Cambia mi corazón

y dame un corazón generoso,

un corazón afable,

un corazón bondadoso,

dame un corazón nuevo.

 

Haz brotar en mi

los frutos de tu presencia.

Dame el fruto de tu Espíritu

que es amor, paz, alegría.

 

Haz que venga sobre mí

el Espíritu de las bienaventuranzas,

para que pueda saborear

y buscar a Dios cada día

viviendo sin complejos ni traumas

junto a los demás,

junto a mi familia,

junto a mis hermanos.

 

Te doy gracias, Padre,

por lo que estás haciendo hoy en mi vida.

Te doy gracias de todo corazón

porque tú me sanas,

porque tú me liberas,

porque tu rompes las cadenas

y me das la libertad.

 

Gracias, Señor Jesús,

porque soy templo de tu Espíritu

y este templo no se puede destruir

porque es la casa de Dios.

 

Te doy gracias, Espíritu Santo,

por la fe.

Gracias por el amor que has puesto en mi corazón.

¡Qué grande eres, Señor Dios

Trino y Uno!

Bendito y alabado seas, Señor

 

 

Padre Emiliano Tardif.

Seguidor del Catesismo de la Iglesia

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