lunes, junio 11, 2012

EL SACRIFICIO PROFÉTICO

«En las religiones, "sacrificio" es el acto sacro. Se sacrificaba una víctima para aplacar al dios y participar, de una manera misteriosa, de su potencia sobrenatural. El sacrificio es el acto religioso, ritual por excelencia.

 

Cristo deroga este sacrificio "religioso". Lo que él realiza es un acto de amor concreto, humano, histórico. Sin embargo, la palabra se infiltra nuevamente en el cristianismo con su connotación religiosa de acto sacro dotado de un poder propio, acto distinto y separado de la vida. Es así como la mayoría entiende "el sacrificio eucarístico" o "el sacrificio de la mi-sa". Pero entre tanto, el mundo "profano", el mundo "laico", demuestra que ha sabido en-tender mejor que los cristianos la nueva significación que la palabra "sacrificio" adquiere en Jesús: "Todo trabajo, toda obra –escribe Tresmontant− implica, exige un sacrificio: la obra de ciencia o de arte, la obra revolucionaria o política; a veces, de la vida familiar, de la con-sideración social, de la tranquilidad. Marx perdió, durante sus años de hambre en los hote-les de Londres, a dos de sus hijas. Sacrificó, por una causa que estimaba justa, su comodi-dad, su tranquilidad, su bienestar, su vida familiar. (…) Ese gran médico, aquel físico, sacri-fican incluso su vida por su obra (…)." El sacrificio, pues, (en el sentido cristiano) no es una cosa mística, sino concreta, positiva, ineluctable.

 

La revolución que significa la sacramentalidad cristiana consiste en llevar a toda la comunidad a una función profética. Ahora bien, el profetismo implica justamente el sacrifi-cio, en un sentido secular. El profeta que reivindica la justicia en una sociedad profunda-mente injusta, sabe el riesgo que corre. Esto era cierto en tiempos de Jeremías, esto sigue siendo cierto hoy para el político que entra en lucha contra la corrupción y la injusticia… Todo esfuerzo por la justicia y la verdad levanta ineluctablemente una resistencia por parte de aquellos que tienen intereses que preservar…

 

Cuando Jesús de Nazaret es conducido al suplicio, verifica esa ley fundamental en el mundo humano tal como es. Jesús conocía esa ley. No la eludió: toda obra positiva en el sentido de la justicia y la verdad, encuentra una resistencia violenta, tanto más violenta cuanto más profundo y decisivo es el trabajo de transformación requerido. El sacrificio así entendido deja de ser una cosa oculta, mági-ca, para convertirse en un acto de hombre, en el ejercicio más pleno de su libertad». (J. Luis Segundo).

 

Fuente: HOAC Orar en el mundo obrero

 

 

Ernesto William Rojas D.

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