lunes, mayo 14, 2007

Mes de MAyo

LA FAMILIA Y EL HOGAR
 
Hoy en la mañana tropecé con un extraño que pasaba y le dije perdón.  Él contestó discúlpeme por favor, no la vi.  Fuimos muy educados; nos despedimos y seguimos nuestro camino
 
( pero en casa es otra historia al tratar a los nuestros ).

Más tarde, al estar cocinando, estaba mi hijo muy cerca de mí.  Al voltear casi le pego, "Quítate" le grite.  Él se retiró sentido, sin que yo notara lo duro que le hablé.  En la noche al acostarme, Dios me dijo suavemente:
-    "Trataste al extraño cortésmente, pero abusaste del niño que amas.  Ve a la  cocina y encontrarás unas flores en el piso, cerca de la puerta, son las  flores que cortó y te trajo.  Estaba calladito para darte la sorpresa y no viste las lágrimas que llenaron sus ojos."

Me sentí miserable y empecé a llorar.  Suavemente me acerqué y me arrodillé junto a su cama y le dije:
-    Despierta pequeño, despierta.  ¿Son éstas las flores que cortaste para mi?, él sonrió.
-    Las encontré junto al árbol.  Las tomé porque son bonitas como tú, en especial la azul."
-    Hijo, siento mucho lo que hice, no te debí gritar.
Él contestó:
-    Está bien Mami. Yo te quiero de todos modos.
-    Yo también te quiero y me gustan las flores, especialmente la azul.

Autor Desconocido   


 
UN HOGAR ES
 
    Un mundo de dificultades afuera y un mundo de amor adentro.
    
El lugar donde los pequeños son grandes y los grandes son pequeños.
    
El reino del padre, el mundo de la madre y el paraíso de los hijos.
   
El lugar donde rezongamos más y somos mejor tratados.
   
El centro de nuestros afectos, alrededor del que se tejen los mejores deseos.
    
El lugar donde nuestro estómago recibe tres comidas diarias y nuestro corazón mil.
    
El único lugar de la tierra donde los fracasos y las faltas de la humanidad quedan ocultos bajo el suave manto del amor.
    
El lugar donde los afectos deben ser cultivados y no reprimidos.
    Un pequeño cielo en la tierra, es un rincón de paz.
 
Autor Desconocido   
 
 
Un Abrazo y que Dios te bendiga;
 
 
 

sábado, mayo 12, 2007

Saludo durante la visita a la Iglesia de la Hacienda de la Esperanza en Guaratinguetá.

     
   "Alabado seas, mi Señor, por todas tu criaturas" - Con esta salutación al Omnipotente y Buen Señor, el santo Pobre de Asís reconocía la bondad única del Dios Creador y la dulzura, la fuerza y la belleza que serenamente se esparcen en todas las criaturas, haciendo de ellas espejo de la omnipotencia del Creador.


    Este nuestro encuentro, queridas hermanas Clarisas, en esta Hacienda de la Esperanza, quiere ser la manifestación de un gesto de cariño del sucesor de Pedro a las hermanas de clausura y también un sereno murmullo de amor que resuena por estas colinas y valles de la Sierra de la Mantiqueira y resuene en toda la tierra: "No son discursos ni frases o palabras, ni son voces que puedan ser oídas; su sonido resuena y se esparce por toda la tierra, llega a los confines del universo su voz" (Sal 18,4-5). De aquí las hijas de Santa Clara proclaman; "¡Alabado seas, mi Señor, por todas tus criaturas! ".



    Allí donde la sociedad no ve  más futuro o esperanza, los cristianos están llamados a anunciar la fuerza de la Resurrección: justamente aquí en esta Hacienda de la Esperanza, donde se encuentran tantas personas, principalmente jóvenes, que buscan superar el problema de las drogas, del alcohol y de la dependencia química, se testimonia el Evangelio de  Cristo en medio de una sociedad consumista alejada de Dios. ¡Qué diversa es la perspectiva del Creador en su obra! Las hermanas Clarisas y otros religiosos de clausura - que, en la vida contemplativa, escrutan la grandeza de Dios y descubren también la belleza de las criaturas - pueden, con el autor sagrado, contemplar el propio Dios, arrobado, maravillado delante de Su obra, de Su criatura amada: "¡Dios contempló todo lo que había hecho y todo estaba muy bien!" (Gen 1, 31).



    Cuando el pecado entró en el mundo y, con él, la muerte, la criatura amada de Dios - aunque herida - no perdió totalmente su belleza: al contrario, recibió un amor mayor: "Oh feliz culpa que nos mereció un tan grande Redentor" - proclama la Iglesia en la noche misteriosa y clara de la Pascua (Exultet). Es el Cristo resucitado que cura las heridas y salva a los hijos e hijas de Dios, salva a la humanidad de la muerte, del pecado y de la esclavitud de las pasiones. La Pascua de Cristo une la tierra y el cielo. En esta Hacienda de la Esperanza se unen las oraciones de las Clarisas y el trabajo arduo de la medicina y de la laborterapia para vencer las prisiones y romper los grilletes de las drogas que hacen sufrir a los hijos amados de Dios.
    Se recompone, así, la belleza de las criaturas que encanta y maravilla su Creador. Éste es el Padre todopoderoso, el único cuyo ser es el amor y cuya gloria es el ser humano vivo – como lo dijo San Irineo. Él "tanto amó el mundo, que envió a su Hijo" (Jn 3,16) para recoger al caído en el camino, asaltado y herido por los ladrones en el camino de Jerusalén a Jericó. En los caminos del mundo, Jesús es "la mano que el Padre extiende a los pecadores; es el camino por el cual nos llega la paz" (anáfora eucarística). Sí, aquí descubrimos que la belleza de las criaturas y el amor de Dios son inseparables. Francisco y Clara de Asís también descubren este secreto y proponen a sus hijos e hijas una sola cosa - y muy simple: vivir el Evangelio. Ésta es su norma de conducta y su regla de vida. Clara lo expresó muy bien, cuando dice a sus hermanas: "Tened entre vosotros, hijas mías, el mismo amor con el cual Cristo os amó" (Testamento).
    Es en este amor que Fray Hans las invitó a ser la retaguardia de todo el trabajo desarrollado en la Hacienda de la Esperanza. En la fuerza de la oración silenciosa, en los ayunos y penitencias, las hijas de Santa Clara viven el mandamiento del amor a Dios y al prójimo, en el gesto supremo de amar hasta el fin.
    ¡Esto significa jamás perder la esperanza! Por eso el nombre de esta obra de Fray Hans: "Hacienda de la Esperanza". Pues es necesario edificar, construir la esperanza, tejiendo el tejido de una sociedad que, en el extenderse de los hilos de la vida, pierde el propio sentimiento de esperanza. Esta pérdida – como dijo San Pablo - es como una maldición que la persona humana impone a sí misma: "personas sin afecto" (Rm 1,31).
    Queridísimas hermanas, sed las anunciadoras de que "la esperanza no decepciona" (Rm 5,5). El dolor del Crucificado, que atravesó el alma de María al pie de la cruz, consuela tantos corazones maternos y paternos que lloran de dolor por sus hijos aún dependientes de las drogas. Anunciad por el silencio oferente de la oración, silencio grandilocuente que el Padre escucha; anunciad el mensaje del amor que vence al dolor, las drogas y la muerte. Anunciad a Jesucristo, humano cómo nosotros, ¡sufridor cómo nosotros, que tomó sobre sí nuestros pecados para de ellos liberarnos!
    Estamos por iniciar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, en el Santuario de Aparecida - tan cerca de esta Hacienda de la Esperanza. Confío también en sus oraciones, para que nuestros pueblos tengan vida en Jesucristo y todos nosotros seamos sus discípulos y misioneros. Ruego a María - la Madre Aparecida, la Virgen de Nazaret - quien, en el seguimiento de su Hijo, guardaba todas las cosas en su corazón, que las guarde en el silencio fecundo de la oración.
    A todas las hermanas de clausura, de manera especial a las Clarisas presentes en esta obra, mi bendición y afecto.
FUENTE celam.info
 
 

viernes, mayo 11, 2007

Homilía de S.S. Benedicto XVI en la Santa Misa de Canonización del Beato Frei Galvão

La imagen  Señores Cardenales
Señor Arzobispo de São Paulo
y Obispos de Brasil y de América Latina
Distinguidas autoridades
Hermanas y Hermanos en Cristo,

    «Bendeciré continuamente al Señor / su alabanza no dejará mis labios» (Sal 33,2)

1. Alegrémonos en el Señor, en este día en el que contemplamos otra de las maravillas de Dios que, por su admirable providencia, nos permite saborear un vestigio de su presencia, en este acto de entrega de Amor representado en el Santo Sacrificio del Altar.
   
Sí, no dejemos de alabar a nuestro Dios. Alabemos todos nosotros, pueblos de Brasil y de América, cantemos al Señor sus maravillas, porque hizo en nosotros grandes cosas. Hoy, la Divina sabiduría permite que nos encontremos alrededor de su altar en acción de alabanza y de agradecimiento por habernos concedido la gracia de la Canonización de Fray Antonio de Sant'Anna Galvão.

   
Quiero agradecer las cariñosas palabras del Arzobispo de São Paulo, que fue la voz de todos vosotros. Agradezco la presencia de cada uno y de cada una, quiera que sean moradores de esta gran ciudad o venidos de otras ciudades y naciones. Me alegro de que a través de los medios de comunicación, mis palabras y las expresiones de mi afecto puedan entrar en cada casa y en cada corazón. Tengan certeza: el Papa os ama, y os ama porque Jesucristo os ama.
   
En esta solemne celebración eucarística fue proclamado el Evangelio en el cual Cristo, en actitud de gran arrobamiento, proclama: «Yo tebendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos y las revelaste a los pequeños» (MT 11,25). Por eso, me siento feliz porque la elevación de Fray Galvão a los altares quedará para siempre enmarcada en la liturgia que hoy a Iglesia nos ofrece.
   
Saludo con afecto, a toda la comunidad franciscana y, de modo especial a las monjas concepcionistas que, desde el Monasterio de la Luz, de la capital paulista, irradian la espiritualidad y el carisma del primer brasileño elevado a la gloria de los altares.

2.    Dimos gracias a Dios por los contínuos beneficios alcanzados por el poderoso influjo evangelizador que el Espíritu Santo imprimió en tantas almas a través de Fray Galvão. El carisma franciscano, evangélicamente vivido, produjo frutos significativos a través de su testimonio de fervoroso adorador de la Eucaristía, de prudente y sabio orientador de las almas que lo buscaban y de gran devoto de la Inmaculada Concepción de María, de quien él se consideraba 'hijo y perpetuo esclavo'.
   
Dios viene a nuestro encuentro, "busca conquistarnos - hasta  la Última cena, hasta al Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones y las grandes obras por las cuales Él, a través de la acción de los Apóstoles, guió el camino de la Iglesia naciente" (Carta encl. Deus caritas est, 17). Él se revela a través de su Palabra, en los Sacramentos, especialmente de la Eucaristía. Por eso, la vida de la Iglesia es esencialmente eucarística. El Señor, en su amorosa providencia nos dejó una señal visible de su presencia.
   
Cuando contemplemos en la Santa Misa al Señor, levantado en el alto por el sacerdote, después de la Consagración del pan y del vino, o lo adoramos con devoción expuesto en la Custodia renovamos con profunda humildad nuestra fe, como hacía Fray Galvão en "laus perennis", en actitud constante de adoración. En la Sagrada Eucaristía está contenido todo el bien espiritual de la Iglesia, o sea, el mismo Cristo, nuestra Pascua, el Pan vivo que bajó del Cielo vivificado por el Espíritu Santo y vivificante porque da Vida a los hombres. Esta misteriosa e inefable manifestación del amor de Dios por la humanidad ocupa un lugar privilegiado en el corazón de los cristianos. Deben poder conocer la fe de la Iglesia, a través de sus ministros ordenados, por la ejemplaridad con que éstos cumplen los ritos prescritos que están siempre indicando en la liturgia eucarística el centro de toda obra de evangelización. Por su parte, los fieles deben buscar recibir y reverenciar el Santo Sacramento con piedad y devoción, queriendo acoger al Señor Jesús con fe y siempre, cuando fuese necesario, sabiendo recurrir a Sacramento de la reconciliación para purificar el alma de todo pecado grave.

3.    Significativo es el ejemplo de Fray Galvão por su disponibilidad para servir el pueblo siempre que le era pedido. Consejero de fama, pacificador de las almas y de las familias, dispensador de la caridad especialmente de los pobres y de los enfermos. Muy buscado para las confesiones, pues era celoso, sabio y prudente. Una característica de quien ama de verdad es no querer que el Amado sea agraviado, por eso la conversión de los pecadores era la grande pasión de nuestro Santo. La Hermana Helena María, que fue la primera "recogida" destinada a dar inicio al "Recogimiento de Nuestra Señora de la Concepción", testimonió aquello que Fray Galvão dijo: "Rezad para que Dios Nuestro Señor levante a los pecadores con su potente brazo del abismo miserable de las culpas en las que se encuentran". Pueda esa delicada advertencia servirnos de estímulo para reconocer en la misericordia divina el camino para la reconciliación con Dios y con el prójimo y para la paz de nuestras conciencias.

4.    Unidos en comunión suprema con el Señor en la Eucaristía y reconciliados con Dios y con nuestro prójimo, seremos portadores de aquella paz que el mundo no puede dar. ¿Podrán los hombres y las mujeres de este mundo encontrar la paz si no se concientizan acerca de la necesidad de reconciliarse con Dios, con el prójimo y consigo mismos? De elevado significado fue, en este sentido, aquello que la Cámara del Senado de São Paulo escribió al Ministro Provincial de los Franciscanos al final del siglo XVIII, definiendo a Fray Galvão cómo "hombre de paz y de caridad". ¿Qué nos pide el Señor?: «amaos unos a  otros como yo os amo». Pero luego a continuación añade: que «deis fruto y vuestro fruto permanezca» (cf. Jn 15, 12.16). ¿Y qué fruto nos pide Él, sino que sepamos amar, inspirándonos en el ejemplo del Santo de Guaratinguetá?
   
La fama de su inmensa caridad no tenía límites. Personas de todo la geografía nacional iban a ver a Fray Galvão que a todos acogía paternalmente. Eran pobres, enfermos en el cuerpo y en el espíritu que le imploraban ayuda.
   
Jesús abre su corazón y nos revela el pilar de todo su mensaje redentor: «Nadie tiene mayor amor que aquél que da la vida por sus amigos» (ib.v.13). Él mismo amó hasta entregar su vida por nosotros sobre la Cruz. También a acción de la Iglesia y de los cristianos en la sociedad debe poseer esta misma inspiración. Las pastorales sociales si son orientadas para el bien de los pobres y de los enfermos, llevan en sí mismas este sello divino. El Señor cuenta con nosotros y nos llama amigos, pues solo a los que se ama de esta manera, se es capaz de dar la vida proporcionada por Jesús con su gracia.
    Como sabemos la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano tendrá como tema básico: "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan vida". ¿Cómo no ver entonces la necesidad de acudir con renovado ardor a la llamada, a fin de contestar generosamente a los desafíos qué la Iglesia en Brasil y en América Latina está llamada a enfrentar?

5.    «Venid a mí, os que estáis aflictos bajo el fardo, y yo os aligeraré», dice el Señor en el Evangelio, (MT 11,28). Ésta es la recomendación final que el Señor nos dirige.  Cómo no ver aquí este sentimiento paterno y, al mismo tiempo materno, ¿de Dios por todos sus hijos? María, la Madre de Dios y Madre nuestra, se encuentra particularmente ligada a nosotros en este momento. Fray Galvão, asumió con voz profética la verdad de la Inmaculada Concepción. Ella, la Tota Pulchra, la Virgen Purísima que concibió en su seno al Redentor de los hombres y fue preservada de toda mancha original, quiere ser el sello definitivo de nuestro encuentro con Dios, nuestro Salvador. No hay fruto de la gracia en la historia de la salvación que no tenga como instrumento necesario la mediación de Nuestra Señora.
   
De hecho, éste nuestro Santo se entregó de modo irrevocable a la Madre de Jesús desde su juventud, queriendo pertenecerle para siempre y escogiendo la Virgen María como Madre y Protectora de sus hijas espirituales.
    ¡Queridos amigos y amigas, qué bello ejemplo a continuación nos dejó Fray Galvão! Como son actuales para nosotros, que vivimos en una época tan llena de hedonismo, las palabras que aparecen en la cédula de consagración de su castidad: "quitadme  antes la vida que ofender a tu bendito Hijo, mi Señor". Son palabras fuertes, de un alma apasionada, que deberían hacer parte de la vida normal de cada cristiano, sea él consagrado o no, y que despiertan deseos de fidelidad a Dios dentro o fuera del matrimonio. El mundo necesita de vidas limpias, de almas claras, de inteligencias simples que rechacen ser consideradas criaturas objeto de placer. Es necesario decir no a aquellos medios de comunicación social que ridiculizan la santidad del matrimonio y la virginidad antes del casamiento.
   
Es en este momento que tendremos en Nuestra Señora la mejor defensa contra los males que afligen la vida moderna; la devoción mariana es garantía cierta de protección maternal y de amparo en la hora de la tentación. ¿No será esta misteriosa presencia de la Virgen Purísima cuándo invoquemos protección y auxilio a la Señora Aparecida? Vamos a depositar en sus manos santísimas la vida de los sacerdotes y laicos consagrados, de los seminaristas y de todos los vocacionados para la vida religiosa.

6.    Queridos amigos, permitidme concluir evocando la Vigilia de Oración de Marienfeld en Alemania: delante de una multitud de jóvenes, quise definir a los Santos de nuestra época como verdaderos reformadores. Y añadía: "solo de los Santos, solo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo" (Homilía, 25/08/2005). Ésta es la invitación que hago hoy a todos vosotros, del primero al último, en esta inmensa Eucaristía. Dios dijo: «Sed santos, como Yo soy Santo» (Lv 11,44). Agradezcamos a Dios Padre, a Dios Hijo, a Dios Espíritu Santo, de los cuales nos vienen, por intercesión de la Virgen María, todas las bendiciones del cielo; este don que, juntamente con la fe es la mayor gracia que el Señor puede conceder a una criatura: el firme deseo de alcanzar la plenitud de la caridad, en la convicción de qué no solo es posible, como también necesaria la santidad, cada cuál en su estado de vida, para revelar al mundo el verdadero rostro de Cristo, nuestro amigo! ¡Amén!
 
Fuente  : CELAM
 
 
 

Discurso del Papa a los jóvenes en el estadio de Pacaembu en Sao Paulo

Discurso del Papa a los jóvenes en el estadio de Pacaembu en Sao Paulo


SAO PAULO, jueves, 9 mayo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI en la noche de este jueves en el estadio municipal de Pacaembu «Paulo Machado de Carvalho», en Sao Paulo.

* * *



¡Queridos jóvenes! ¡Queridos amigos y amigas!

«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres […] luego ven, y sígueme.» (Mt 19,21).

1. He deseado ardientemente encontrarme con vosotros en éste mi primer viaje a América Latina. Vine a inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que, por deseo mío, va a realizarse en Aparecida, aquí en Brasil, en el Santuario de Nuestra Señora. Ella nos coloca a los pies de Jesús para aprender sus lecciones sobre el Reino e impulsarnos a ser sus misioneros, para que los pueblos de este "Continente de la Esperanza" tengan, en Él, vida plena.

Vuestros Obispos de Brasil, en su Asamblea General del año pasado, reflexionaron sobre el tema de la evangelización de la juventud y colocaron en vuestras manos un documento. Pidieron que fuese acogido y perfeccionado por vosotros durante todo el año. En esta última Asamblea retomaron el asunto, enriquecido con vuestra colaboración, y anhelan que las ponderaciones hechas y las orientaciones propuestas sirvan como incentivo y faro para vuestro caminar. Las palabras del Arzobispo de Sao Paulo y del encargado de la Pastoral de la Juventud, las cuales agradezco, bien testifican el espíritu que os mueve a todos.

Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasileño, pensaba ya en éste nuestro encuentro en el Estadio de Pacaembu, con el deseo de daros un gran abrazo bien brasileño, y manifestar los sentimientos que llevo en lo íntimo del corazón y que a propósito, el Evangelio de hoy nos quiso indicar.

Siempre he experimentado una alegría muy especial en estos encuentros. Recuerdo particularmente la Vigésima Jornada Mundial de la Juventud, que tuve la ocasión de presidir hace dos años atrás en Alemania. ¡Algunos de los que están aquí también estuvieron allá! Es un recuerdo conmovedor, por los abundantes frutos de la gracia enviados por el Señor. Y no queda la menor duda que el primer fruto, entre muchos, que pude constatar fue el de la fraternidad ejemplar que hubo entre todos, como demostración evidente de la perenne vitalidad de la Iglesia por todo el mundo.

2. Pues bien, queridos amigos, estoy seguro de que hoy se renuevan las mismas impresiones de aquel mi encuentro en Alemania. En 1991, el Siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria, decía, a su paso por Mato Grosso (Brasil), que los "jóvenes son los primeros protagonistas del tercer milenio [...] son ustedes quienes van a trazar los rumbos de esta nueva etapa de la humanidad" (Discurso 16/10/1991). Hoy, me siento movido a hacerles idéntica observación.

El Señor aprecia, sin duda, vuestra vivencia cristiana en las numerosas comunidades parroquiales y en las pequeñas comunidades eclesiales, en las Universidades, Colegios y Escuelas y, especialmente, en las calles y en los ambientes de trabajo de las ciudades y de los campos; se trata, sin embargo, de ir adelante. Nunca podemos decir basta, pues la caridad de Dios es infinita y el Señor nos pide, o mejor, nos exige ensanchar nuestros corazones para que en ellos quepa siempre más amor, más bondad, más comprensión por nuestros semejantes y por los problemas que envuelven no sólo la convivencia humana, sino también la efectiva preservación y conservación de la naturaleza, de la cual todos hacemos parte. "Nuestros bosques tienen más vida": no dejéis que se apague esta llama de esperanza que vuestro Himno Nacional pone en vuestros labios. La devastación ambiental de la Amazonía y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción que la sociedad viene pidiendo.

3. Hoy quiero con vosotros reflexionar sobre el texto de San Mateo (19, 16-22), que acabamos de oír. Habla de un joven. Él vino corriendo al encuentro de Jesús, merece que se destaque su ansia. En este joven veo a todos vosotros, jóvenes de Brasil y de América Latina. Vinisteis corriendo de diversas regiones de este Continente para nuestro encuentro; queréis oír, por la voz del Papa, las palabras del propio Jesús.

Como en el Evangelio, tenéis una pregunta importante que hacerle. Es la misma del joven que vino corriendo al encuentro de Jesús: ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Me gustaría profundizar con vosotros esta pregunta. Se trata de la vida, la vida que, en vosotros, es exuberante y bella. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo vivirla plenamente? Pronto entendemos, en la formulación de la propia pregunta, que no basta el aquí y ahora, o sea, nosotros no conseguimos delimitar nuestra vida al espacio y al tiempo, por más que pretendamos extender sus horizontes. La vida os trasciende. En otras palabras, queremos vivir y no morir. Sentimos que algo nos revela que la vida es eterna y que es necesario empeñarnos para que esto acontezca. En otras palabras, ella está en nuestras manos y depende, de algún modo, de nuestra decisión.

La pregunta del Evangelio no contempla sólo el futuro. No se trata sólo de lo qué pasará después de la muerte. Hay, por el contrario, un compromiso con el presente aquí y ahora, que debe garantizar autenticidad y consecuentemente el futuro. En una palabra, la pregunta cuestiona el sentido de la vida. Puede por eso formularse así: ¿qué debo hacer para que mi vida tenga sentido? O sea: ¿cómo debo vivir para cosechar plenamente los frutos de la vida? O más aún: ¿qué debo hacer para que mi vida no transcurra inútilmente?

Jesús es el único capaz de darnos una respuesta, porque es el único que puede garantizar la vida eterna. Por eso también es el único que consigue mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido de plenitud.

4. Sin embargo, antes de dar su respuesta, Jesús cuestiona al joven con una pregunta muy importante: "¿Por qué me llamas bueno?" En esta pregunta se encuentra la clave de la respuesta. Aquel joven percibió qué Jesús es bueno y que es maestro. Un maestro que no engaña. Estamos aquí porque tenemos esta misma convicción: Jesús es bueno. Quizás no sabemos toda la razón de esta percepción, pero es cierto que ella nos aproxima a Él y nos abre a su enseñanza: un maestro bueno. Quien reconoce el bien es señal que ama, y quien ama, en la feliz expresión de San Juan, conoce a Dios (cf.1Jn 4,7). El joven del Evangelio tuvo una percepción de Dios en Jesucristo.

Jesús nos garantiza que solo Dios es bueno. Estar abierto a la bondad significa acoger a Dios. Así nos invita a ver a Dios en todas las cosas y en todos los acontecimientos, inclusive ahí donde la mayoría solo ve la ausencia de Dios; viendo la belleza de las criaturas y constatando la bondad presente en todas ellas, es imposible no creer en Dios y no hacer una experiencia de su presencia salvífica y consoladora. Si lográsemos ver todo el bien que existe en el mundo y, más aún, experimentar el bien que proviene del propio Dios, no cesaríamos jamás de aproximarnos a Él, de alabarlo y agradecerle. Él continuamente nos llena de alegría y de bienes. Su alegría es nuestra fuerza.

Pero nosotros no conocemos sino de forma parcial. Para percibir el bien necesitamos de auxilios, que la Iglesia nos proporciona en muchas oportunidades, principalmente por la catequesis. Jesús mismo explicita lo que es bueno para nosotros, dándonos su primera catequesis. «si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos » (Mt 19,17). Él parte del conocimiento que el joven ya obtuvo ciertamente de su familia y de la Sinagoga: de hecho, conoce los mandamientos. Ellos conducen a la vida, lo que equivale a decir que ellos nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos señalan el camino cierto. Quien observa los mandamientos está en el camino de Dios.

No basta conocerlos. El testimonio vale más que la ciencia, o sea, es la propia ciencia aplicada. No nos son impuestos desde afuera, ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario: constituyen impulsos internos vigorosos, que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar. Nos impulsan a hacer algo para realizarnos nosotros mismos. Realizarse, a través de la acción es volverse real. Nosotros somos, en gran parte, a partir de nuestra juventud, lo que nosotros queremos ser. Somos, por así decir, obra de nuestras manos.

5. En este momento me dirijo nuevamente a vosotros jóvenes, queriendo oír también de vosotros la respuesta del joven del Evangelio: "todo esto lo he observado desde mi juventud". El joven del Evangelio era bueno, observaba los mandamientos, estaba pues en el camino de Dios, por eso Jesús lo miró con amor. Al reconocer que Jesús era bueno, dio testimonio de que también él era bueno. Tenía una experiencia de la bondad y por tanto, de Dios. Y vosotros, jóvenes de Brasil y de América Latina ¿ya descubristeis lo que es bueno? ¿Seguís los mandamientos del Señor? ¿Descubristeis que éste es el verdadero y único camino hacia la felicidad?

Los años que estáis viviendo son los años que preparan vuestro futuro. El "mañana" depende mucho de cómo estéis viviendo el "hoy" de la juventud. Ante los ojos, mis queridos jóvenes, tenéis una vida que deseamos que sea larga; pero es una sola, es única: no la dejéis pasar en vano, no la desperdiciéis. Vivid con entusiasmo, con alegría, pero, sobretodo, con sentido de responsabilidad.

Muchas veces sentimos temblar nuestros corazones de pastores, constatando la situación de nuestro tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir, en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar, por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado delante de la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones.

Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, se habla por eso, a menudo de una juventud perdida.

Pero mirándoos a vosotros, jóvenes aquí presentes, que irradiáis alegría y entusiasmo, asumo la mirada de Jesús: una mirada de amor y confianza, con la certeza de que vosotros habéis encontrado el verdadero camino. Sois jóvenes de la Iglesia, por eso yo os envío para la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sed los apóstoles de los jóvenes, invitadles a que vengan con vosotros, a que hagan la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; se encuentren con Jesús, para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y por ellos lleguen hasta Dios.

Podéis ser protagonistas de una sociedad nueva si buscáis poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más activos a todos los niveles.

Sed hombres y mujeres libres y responsables; haced de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sed promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparad a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiración por el bien que os hicieron. El Papa también espera que los jóvenes busquen santificar su trabajo, haciéndolo con capacidad técnica y con laboriosidad, para contribuir al progreso de todos sus hermanos y para iluminar con la luz del Verbo todas las actividades humanas (cf. Lumen Gentium, N. 36).

Pero, sobretodo, el Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y más fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes; no dejándose llevar por el odio y por la violencia; siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distinguiéndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales. Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas económicas o políticas, con el fraude y el engaño.

En definitiva, existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social, económico y político adquieren un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica; la contención de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democrático y el bien común y, especialmente, aquellas que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas y no son motivo de exclusión, sino de recíproco enriquecimiento.

Tened, sobretodo, un gran respeto por la institución del Sacramento del Matrimonio. No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una institución de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de Sacramento; es un gran don que Dios hizo a la humanidad, Respetadlo, veneradlo. Al mismo tiempo, Dios os llama a respetaros también en el enamoramiento y en el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepáis hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de vuestras esperanzas futuras.

Repito aquí para todos vosotros que "el eros quiere remontarnos 'en éxtasis' hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación" ( "Deus caritas est", [25/12/2005], N. 5). En pocas palabras, requiere espíritu de sacrificio y de renuncia por un bien mayor, que es precisamente el amor de Dios sobre todas las cosas. Buscad resistir con fortaleza a las insidias del mal existente en muchos ambientes, que os lleva a una vida disoluta, paradójicamente vacía, al hacer perder el bien precioso de vuestra libertad y de vuestra verdadera felicidad. El amor verdadero
"buscará cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará 'ser para' el otro" (Ib. N. 7) y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo.

Para ello, contáis con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, hará esto posible (cf. MT 19,26). La vida de fe y de oración os conducirá por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensión de la grandeza de los planes que Él tiene para cada uno. "Por amor del reino de los cielos" (ib., 12), algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa, "eximio don de la gracia", como fue definido por el Concilio Vaticano II (Decreto "Perfectae caritatis", n.12).

Los consagrados que se entregan totalmente a Dios, bajo la moción del Espíritu Santo, participan en la misión de Iglesia, testimoniando la esperanza en el Reino celeste ante todos los hombres. Por eso, bendigo e invoco la protección divina a todos los religiosos que dentro de la mies del Señor se dedican a Cristo y a los hermanos. Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y monjas, contemplativos y contemplativas, religiosos y religiosas dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica, eremitas y vírgenes consagradas. "Su existencia da testimonio del amor a Cristo cuando ellos se encaminan por su seguimiento, tal como éste se propone en el Evangelio y, con íntima alegría, asumen el mismo estilo de vida que Él escogió para Sí" (Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica: Instrucción "Caminar desde Cristo", N. 5).

Espero que, en este momento de gracia y de profunda comunión en Cristo, el Espíritu Santo despierte en el corazón de tantos jóvenes un amor apasionado en el seguimiento e imitación de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas.

6. El Evangelio nos asegura que aquel joven, que vino corriendo al encuentro de Jesús, era muy rico. Entendemos esta riqueza no apenas en el plano material, la propia juventud es una riqueza singular. Es necesario descubrirla y valorarla. Jesús le dio tal valor que invitó a este joven a participar de su misión de salvación. Tenía todas las condiciones para una gran realización y una gran obra.

Pero el Evangelio nos refiere que ese joven se entristeció con la invitación. Se alejó abatido y triste. Este episodio nos hace reflexionar una vez más sobre la riqueza de la juventud. No se trata, en primer lugar, de bienes materiales, sino de la propia vida, con los valores inherentes a la juventud. Proviene de una doble herencia: la vida, transmitida de generación en generación, en cuyo origen primero está Dios, lleno de sabiduría y de amor; y la educación que nos inserta en la cultura, a tal punto que, en cierto sentido, podemos decir que somos más hijos de la cultura y por eso de la fe, que de la naturaleza. De la vida brota la libertad que, sobretodo en esta fase se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisión, en una doble opción: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesión. Responde a la cuestión: ¿qué hacer con la vida?

En otras palabras, la juventud se muestra como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como un don y como una tarea. El joven del Evangelio percibió la riqueza de su juventud. Fue hasta Jesús, el Buen Maestro, a buscar una orientación. Pero a la hora de la gran opción no tuvo coraje de apostar todo en Jesucristo. Consecuentemente salió de allí triste y abatido. Es lo que pasa cada vez que nuestras decisiones flaquean y se vuelven mezquinas e interesadas. Sintió que faltó generosidad, lo que no le permitió una realización plena. Se cerró sobre su riqueza, tornándola egoísta.

Jesús sintió mucho la tristeza y la mezquindad del joven que lo fue a buscar. Los Apóstoles, como todos y todos vosotros hoy, rellenan esta laguna dejada por aquel joven que se retiró triste y abatido. Ellos y nosotros estamos alegres porque sabemos en quién creemos (2 Tim 1,12). Sabemos y damos testimonio con nuestra propia vida de que solo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). Por eso, como San Pablo, podemos exclamar: "estad siempre alegres en el Señor" (Fil 4,4).

7. Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Vosotros, jóvenes, no sois sólo el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven. La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada.

[En español]

Queridos jóvenes, dentro de poco inauguraré la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.
Os pido que sigáis con atención sus trabajos; que participéis en sus debates; que recéis por sus frutos. Como ocurrió con las Conferencias anteriores, también ésta marcará de modo significativo los próximos diez años de Evangelización en América Latina y en el Caribe. Nadie debe quedar al margen o permanecer indiferente ante este esfuerzo de la Iglesia, y mucho menos los jóvenes. Vosotros con todo derecho formáis parte de la Iglesia, la cual representa el rostro de Jesucristo para América Latina y el Caribe.

[En francés]
Saludo a los de habla francesa que viven en el Continente latinoamericano, invitándolos a ser testimonios del Evangelio y actores de la vida eclesial. Me uno particularmente a vosotros los jóvenes, sois llamados a construir vuestra vida sobre Cristo y sobre los valores humanos fundamentales. Que todos os sintáis invitados a colaborar en la edificación de un mundo de justicia y de paz.

[En inglés]
Queridos jóvenes amigos, como el joven del Evangelio, que preguntó a Jesús " qué debo hacer para tener la vida eterna?" , todos vosotros buscáis maneras de responder generosamente al llamado de Dios. Rezo para que escuchéis su palabra salvadora y os tornéis sus testigos ante los pueblos de hoy. Que Dios derrame sobre vosotros sus bendiciones de paz y alegría.

[En portugués]
Queridos jóvenes, Cristo os llama a ser santos. Él mismo os convoca y quiere andar con vosotros, para animar con Su espíritu los pasos del Brasil en este inicio del tercer milenio de la era cristiana. Pido a la Señora Aparecida que os conduzca, con su auxilio materno y os acompañe a lo largo de la vida.

¡Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo!

[Traducción distribuida por el Consejo Episcopal Latinoamericano
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

 
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miércoles, mayo 09, 2007

Discurso de S.S. Benedicto XVI a su llegada al aeropuerto Guarulhos, São Paulo Brazil

Excelentísimo Señor Presidente de la República
Señores Cardenales y Venerados Hermanos en el Episcopado
¡Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo!

1. Es para mí motivo de particular satisfacción iniciar mi Visita Pastoral a Brasil y presentar a Vuestra Excelencia, en calidad de Jefe y representante supremo de la gran nación brasileña, mis agradecimientos por la amable acogida que me fue dispensada. Un agradecimiento que extiendo con mucho placer, a los miembros del Gobierno que acompañan Vuestra Excelencia, a las personalidades civiles y militares aquí reunidas y a las autoridades del Estado de São Paulo. En sus palabras de bienvenida, siento escuchar, Señor Presidente, los sentimientos de cariño y amor de todo el Pueblo brasileño para con el Sucesor del Apóstol Pedro.

Saludo fraternalmente en el Señor a mis queridos Hermanos del Episcopado que aquí han venido para recibirme en nombre de la Iglesia que está en Brasil. Saludo igualmente a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los seminaristas y los laicos comprometidos con la obra de la evangelización de la Iglesia y con el testimonio de una vida auténticamente cristiana. Finalmente dirijo mi afectuoso saludo a todos los brasileños sin distinción, hombres y mujeres, familias, ancianos, enfermos, jóvenes y niños, a todos digo de corazón: ¡Muchas gracias por vuestra generosa hospitalidad

2. El Brasil ocupa un lugar muy especial en el corazón del Papa no solamente porque nació cristiano y hoy tiene el más alto número de católicos, sino sobretodo, porque es una nación rica en potencialidades, con una presencia eclesial que es motivo de alegría y esperanza para toda la Iglesia. Mi visita, Señor Presidente, tiene un objetivo que sobrepasa las fronteras nacionales: vengo a presidir en Aparecida, la sesión de apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, por una providencial manifestación de la bondad del Creador, este país deberá servir de cuna para las propuestas eclesiales que, Dios lo quiera, podrán dar un nuevo vigor y empuje misionero a este Continente.

3. En esta área geográfica los católicos son una mayoría, esto significa que ellos deben aportar de modo particular al servicio del bien común de esta Nación. La solidaridad será, sin duda, palabra llena de contenido para las fuerzas vivas de la sociedad, cada cual dentro de su propio ámbito, se empeñe seriamente por construir un futuro de paz y de esperanza para todos.

La Iglesia Católica –como puse en evidencia en la Encíclica Dios caritas est– "transformada por la fuerza del Espíritu y llamada para ser, en el mundo, testimonio del amor del Padre que quiere hacer de la humanidad una única familia, en su Hijo" (cf. 19), da así un profundo compromiso con la misión evangelizadora, al servicio de la causa de la paz y de la justicia. La decisión, por tanto, de realizar una Conferencia esencialmente misionera, refleja la preocupación del episcopado, tanto como la mía, de buscar caminos adecuados para que, en Jesucristo, "nuestros pueblos tengan vida", como reza el tema de la Conferencia. Con esos sentimientos, quiero ir más allá de las fronteras de este país y saludar todos los pueblos de América Latina y del Caribe deseando con las palabras del Apóstol, "Que la paz esté con todos ustedes que estáis en Cristo" (1Pt 5,14).

4. Estoy agradecido Señor Presidente, a la Divina Providencia que me concede la gracia de visitar a Brasil, un país de gran tradición católica. Ya tuve la oportunidad de referir el motivo principal de mi viaje que tiene un alcance latinoamericano y un carácter esencialmente religioso.

Estoy muy feliz por poder estar algunos días con los brasileños. Sé que el alma de este Pueblo, como la de toda América Latina, conserva valores radicalmente cristianos que jamás serán destruidos. Y estoy seguro de que en Aparecida, durante la Conferencia General del Episcopado, será reforzada esta identidad, para promover el respeto por la vida, desde su concepción hasta su última extinción natural, como exigencia propia de la naturaleza humana; hará también de la promoción de la persona humana el eje de la solidaridad con los pobres y desamparados.

La Iglesia quiere apenas indicar los valores morales de cada situación y formar a los ciudadanos para que puedan decidir consciente y libremente; en este sentido, no dejaré de insistir en el empeño que deberá hacerse para asegurar el fortalecimiento de la familia –como célula madre de la sociedad; de la juventud– cuya formación constituye un factor decisivo para el futuro de una Nación y, finalmente, pero no en último lugar, defendiendo y promoviendo los valores subyacentes en todos los segmentos de la sociedad, especialmente de los pueblos indígenas.

5. Con estos auspicios al renovar mis agradecimientos por la calurosa acogida de la que soy objeto como Sucesor de Pedro, invoco la protección materna de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, evocada también como Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de las Américas, para que proteja e inspire a los gobernantes en la ardua tarea de ser promotores del bien común, reforzando los lazos de fraternidad cristiana para bien de todos sus ciudadanos. ¡Dios bendiga América Latina! ¡Dios bendiga Brasil! Muchas gracias.

FUENTE Celam.info

martes, mayo 08, 2007

8 Boletín Arquidiócesis de Bucaramanga + información

 

Cordial Saludo!

 

De acuerdo a la socialización de la sistematización del proyecto "Reconstrución del Tejido Social de las comunidades damnificadas por la ola invernal en Febrero del 2005 en Bucaramanga y Girón", adjunto información y les agradecemos su participación y difusión.

 

8º BOLETÍN INFORMATIVO

ARQUIDIÓCESIS DE BUCARAMANGA

Delegación de Pastoral

Mayo 8 DE 2007

 

 

Reconstruyendo tejido social en Bucaramanga y Girón

 

 Rehaciendo los fragmentos del invierno del 2005 en Bucaramanga

 

La Iglesia católica, la academia y las instituciones locales, unidas por un compromiso: la reconstrucción del tejido social con los damnificados del invierno en Bucaramanga y Girón.

 

En febrero de 2005 el Departamento de Santander fue azotado por una ola invernal que dejó más de 4.500 víctimas, dos años después Pastoral Social de la Arquidiócesis de Bucaramanga, cuenta cómo se llevó a cabo el Proyecto de reconstrucción del tejido social de las comunidades afectadas de los municipios de Bucaramanga y Girón a través de la sistematización de la experiencia.

 

Cientos de familias que lo perdieron todo fueron ubicadas en 17 albergues temporales en Girón y Bucaramanga. "Tras la acción social de la Iglesia, que busca la promoción de la dignidad de la persona, la defensa de sus derechos y velar por la calidad de vida, y con la cooperación de ECOPETROL, al UPB, la UIS, AHURA, el IMEBU y las alcaldías municipales, se unieron esfuerzos para llevar a cabo el proyecto entre el 28 de noviembre del 2005 y el 28 de Enero de 2007", afirma el director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Bucaramanga, Padre German Medina.

 

Con una inversión que supera los 384 millones de pesos se implementó un proceso concertado de reestablecimiento del tejido social con las 17 comunidades afectadas por la ola invernal, a través del acompañamiento psicosocial, los procesos productivos y la constitución y capacitación de las veedurías ciudadanas.

 

"En conjunto la acción se centraba en lograr, de manera participativa, una transformación de la situación desencadenada por la ola invernal, tras la interacción continua entre interventores y los actores involucrados", afirma Olga Beatriz Rueda, coordinadora de la sistematización de la experiencia.

 

"Tomando como base que las comunidades son gestoras de su propio desarrollo se apoyó la atención de emergencia y posteriormente se inició la etapa de restablecimiento a través del acompañamiento psicosocial brindado con estrategias de prevención, formación, tratamiento terapéutico, remisión temprana,  representación de la sexualidad en jóvenes, poblamiento y marginalidad, restablecimiento de derechos, entre otros, realizadas a través de la UPB, la UIS y la Universidad Santo Tomás", afirma Sandra Patricia Duarte, coordinadora general del proyecto.

"Para generar de alternativas de sostenimiento económico y  mejoramiento de ingresos familiares se implementó en cabezas de familia el proyecto hiervas aromáticas, seguridad alimentaria, y algunos de artes y oficios para la creación de microempresas", añade el Padre German.

 

Tras casi dos años de ejecución del proyecto de reconstrucción del tejido social con los damnificados, el equipo de trabajo que desarrolló el diagnóstico socioeconómico, el acompañamiento e intervención, y la sistematización de la experiencia, velando por la protección de por la protección de las poblaciones más vulnerables niños, jóvenes y mujeres, aporta metodológicamente un plan de atención integral, de organización, clarificación y establecimiento del compromiso interinstitucional involucrado en estos sucesos.

 

 

COMUNIDADES ATENDIDAS

[1]

 

 

 

 

 

 

FASES  DE INTERVENCIÓN EN PROCESOS DE RECONSTRUCCION DEL TEJIDO SOCIAL  (EL ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE UN EVENTO CATASTROFICO)

PREVENCIÓN (Monitoreo y Diagnósticos actualizados)

ATENCIÓN EN LA EMERGENCIA  (organización en Red para atención y ayuda humanitaria)

RESTABLECIMIENTO (acompañamiento psicosocial, estructuración y fortalecimiento de procesos productivos, veedurías ciudadanas)

Acompañamiento durante la permanencia en sitios temporales

Acompañamiento durante el proceso de Reubicación en nuevos sitios de vivienda.

Plan Integral de Atención Social a comunidades expuestas o víctimas de Desastres naturales , sustentado en la organización, clarificación, establecimiento y compromiso de alianzas interinstitucionales

[2]

 

Enviado por:

 

Nayibe Pedraza

Delegación de Pastoral de Comunicaciones

Arquidiócesis de Bucaramanga

Calle 33 N 21-56, piso 3,

Teléfono: 6423856

Cel: 3103228288

Mail: prensacuria@gmail.com

        prensacuria@operamail.com

 



[1] Presentación realizada por el Pbro. Gérman Medina el 8 de Mayo en el auditorio de la Casa Pastoral

[2] [2] Presentación realizada por Sandra Patricia Duarte, Coordinadora General del Proyecto, el 8 de Mayo en el auditorio de la Casa Pastoral

 

 

Ernesto William Rojas D.
ewilliamrojasd@yahoo.es
http://hombredebarro.blogspot.com/

Benedicto XVI en Brasil: Latinoamérica ya no debe ser «misionada», sino «misionera»


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 8 mayo 2007 (ZENIT.org).- Después de cinco siglo de la evangelización en América Latina, Benedicto XVI llega este miércoles a Brasil para hacer que esta Iglesia ya no sea sólo «misionada», sino que se convierta en «misionera».

Así lo explica el arzobispo Piero Marini, maestro de la Celebraciones Litúrgicas Pontificias, en la «Presentación» del «Misal» preparado con motivo de la visita del Santo Padre a Sao Paulo y Aparecida para inaugurar la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

«El viaje apostólico del Papa a Brasil reviste un particular carácter misionero, subrayado por el mismo título de la Conferencia de Aparecida, "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en él tengan vida, 'Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida' (Jn 14, 6)"», explica monseñor Marini.

Para el prelado, este sexto viaje internacional del pontificado, en particular la canonización del franciscano Fray Antonio de Santa Ana Galvão (Sao Paulo, 11 de mayo) y «la fe y el entusiasmo de los fieles reunidos en torno a sus obispos y al sucesor de Pedro, es un signo de esperanza y de evangelización para América Latina y el Caribe».

«La Iglesia católica, discípula y misionera de Jesucristo, presente desde hace cinco siglos entre los pueblos latinoamericanos, quiere seguir desempeñando la misión de llevar la Buena Noticia de la salvación a todos los pueblos, incluso en las circunstancias actuales sumamente cambiadas, que exigen un nuevo compromiso misionero por parte de todos los bautizados», concluye.

Todavía hoy muchos obispos y sobre todos sacerdotes, religiosas y religiosos de Brasil y América Latina, donde se encuentra casi la mitad de los católicos del mundo, proceden de Europa, continente que en estos cinco siglos ha dado continuidad a la obra evangelizadora de los primeros misioneros llegados a América.

En las últimas décadas, sin embargo, diócesis e institutos misioneros surgidos en Latinoamérica han comenzado a enviar misioneros al viejo continente y al resto del mundo. En el año 2002, se celebró en Guatemala el Séptimo Congreso Misionero Latinoamericano que tenía como objetivo asumir la responsabilidad misionera con el resto del mundo.
 
 
 
 

miércoles, mayo 02, 2007

DESARROLLO NO DEBE DESCUIDAR DIMENSION MORAL Y RELIGIOSA

 

CIUDAD DEL VATICANO, 1 MAY 2007 (VIS).-Hoy se hizo público un mensaje del Santo Padre dirigido a la presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, la profesora Mary Ann Glendon y a los participantes en la XIII sesión plenaria, que se ha celebrado del 27 de abril al 1 de mayo en el Vaticano, sobre el tema: "Caridad y justicia en las relaciones entre pueblos y naciones".

 

  En el mensaje, el Papa afirma que según el principio esencial del "destino universal de todos los bienes de la creación, todo lo que la tierra produce y todo lo que el ser humano transforma y confecciona, todo su conocimiento y tecnología, está destinado a servir al desarrollo material y espiritual de la familia humana y de todos sus miembros".

 

  Benedicto XVI señala que el mundo actual se enfrenta a tres desafíos, que "sólo se pueden afrontar a través de un compromiso convencido al servicio de esa justicia más grande que está inspirada por la caridad".

 

  Refiriéndose al primer desafío, el del ambiente y un desarrollo sostenible, el Papa recuerda el deber de todos los pueblos de establecer políticas para "la protección del ambiente con el fin de prevenir la destrucción del patrimonio natural cuyos frutos son necesarios para el bienestar de la humanidad". Además, continúa, "es necesario ser capaces de valorar y prever, de seguir la evolución de los cambios medioambientales y del desarrollo sostenible, de delinear y aplicar soluciones a nivel internacional".

 

  "Un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre", dice citando su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007.

 

  El Santo Padre afirma que el segundo desafío concierne "a nuestro concepto de persona humana y como consecuencia, a nuestras relaciones recíprocas". En este contexto, subraya que "si los seres humanos no son vistos como personas, hombre y mujer, creados a imagen de Dios, dotados con una dignidad inviolable, será muy difícil lograr una justicia plena en el mundo. A pesar del reconocimiento de los derechos de la persona en declaraciones internacionales y en instrumentos legales, hay que progresar mucho para que ese reconocimiento tenga consecuencias en los problemas globales, como el de las crecientes diferencias entre pases ricos y pobres".

 

  En cuanto al tercer desafío, que está relacionado con "los valores del espíritu", el Papa explica que, a diferencia de los bienes materiales, "los bienes espirituales que son propios del ser humano se extienden y se multiplican cuando se comunican: al contrario de los bienes divisibles, los bienes espirituales como el conocimiento y la educación son indivisibles".

 

  Tras hacer hincapié en la necesidad de "una justa igualdad de oportunidades, especialmente en el campo de la educación y de la transmisión de conocimientos", el Papa lamenta que "la educación, especialmente a nivel primario, sigue siendo dramáticamente insuficiente en muchas partes del mundo".

 

  Benedicto XVI concluye afirmando que para hacer frente a esos desafíos "sólo el amor al prójimo puede inspirar en nosotros la justicia al servicio de la vida y de la promoción de la dignidad humana. Solo el amor dentro de la familia, fundada sobre un hombre y una mujer, creados a imagen de Dios, puede asegurar aquella solidaridad inter-generacional que transmite amor y justicia a las generaciones futuras. Sólo la caridad puede animarnos a poner a la persona humana una vez más en el centro de la vida en la sociedad y en el centro de un mundo globalizado gobernado por la justicia".

 

MESS/CARIDAD:JUSTICIA/GLENDON                                     VIS 070502 (600)

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