domingo, marzo 16, 2008

Fallece Chiara Lobich fundadora de los Focolares

 

"Tengo un solo esposo sobre la tierra, Jesús Crucificado y Abandonado. No tengo otro Dios fuera de Él". Así empieza una de las meditaciones más conocidas de Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolares, que acaba de fallecer. De ella se puede decir, sin duda, que ha puesto en marcha una "familia espiritual" dedicada a promover la unidad a todos los niveles –dentro y fuera de la Iglesia-, rescatando la enorme importancia que tiene la presencia del Señor en medio de los discípulos (Mt 18, 20), que había sido olvidada en la práctica durante siglos. Pero, al menos para mí –fui miembro de su movimiento durante muchos y decisivos años en mi vida-, tan atractivo como eso fue el enorme amor que ella tenía a Cristo crucificado –hasta llegar a una unión que no desmerecía en nada los más altos niveles de mística que se han conocido en la Iglesia- y a la Santísima Virgen. Junto a estas tres características de su espiritualidad, hay que poner otra: el apasionado amor a la Iglesia y en particular al Vicario de Cristo; esta unidad a la jerarquía tuvo mucho mérito sobre todo en los primeros años del movimiento, antes del Vaticano II, cuando era visto con sospecha en Roma, por considerársele demasiado "progresista".

La Virgen, a la que Chiara Lubich tanto amó y a la que enseñó a amar –la suya se llama oficialmente "Obra de María"-, ha querido llevársela en un día muy especial, el "viernes de dolores". En este día se celebra la Virgen de los Dolores, que en Italia es conocida como "La Desolada", devoción especialmente querida por los focolarinos. En una de las más hermosas meditaciones escritas por Chiara, ésta cuenta cómo, dialogando un día con Jesús y preguntándole por qué encontró el modo de quedarse en la tierra a través de la Eucaristía y, en cambio, no halló la manera de dejar una presencia real María, el Señor le contestó: "Quiero verla repetida en ti". Creo que eso es lo que ha intentado hacer siempre Chiara Lubich en su vida: imitar a María, como un espejo imita las formas y los movimientos del que en él se ve, a fin de que, a través de ella, Jesús fuera de nuevo amado, consolado, defendido y adorado.

Que descanse en paz y que, desde el cielo, nos ayude a ser, como ella intentó serlo, "otras María".

Epitafio por Chiara Por el P. Santiago Marti

Seguidor del Catesismo de la Iglesia

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