viernes, noviembre 16, 2012

Series de TV, ¿justifican acciones de capos?

Vania Rodríguez Carpio

 

Tomado de http://www.yoinfluyo.com/yi20/


"La gente mala como yo -dice El Capo- somos hijos de la injusticia, de la inconsciencia de las prostitutas del poder" (Bolívar, Episodio 23). Esta es la tesis que engloba y trata de dar explicación del porqué del ser de los narcotraficantes. Un fenómeno social cuyas repercusiones trascienden el ámbito político y económico de un país, pues sus secuelas en los tejidos más profundos de la sociedad son irreparables, incalculables y hoy, se han salido del control de quienes deberían  tenerlo, ya que por desgracia hacen parte activa de su nómina como soldados a servicio de los narcos, a veces por corruptos y otras por presión y amenaza.

Sin embargo, hoy este tema también ha acaparado los medios de comunicación más allá de los noticieros. La proliferación de películas, libros y series es cada vez mayor; pero no es eso lo que llama la atención, sino el modo en que presentan a los narcotraficantes, cómo plantean los delitos que comenten y muchas veces parece que incluso lo justificaran.

No es de sorprender que sea Colombia el país que mayor contenido produzca sobre este tema, pues, por desgracia han vivido todos los estragos del narcotráfico. No obstante, resalta un personaje en particular: Gustavo Bolívar Moreno, un periodista de profesión, apasionado de la política y los problemas sociales, mismos que conoció y palpó muy bien después de trabajar al lado de Enrique Parejo González, ex Ministro de Justicia de Colombia, quien fue baleado por narcotraficantes en Budapest, Hungría, quien nunca aceptó sus chantajes ni flaqueó antes sus constantes amenazas de muerte.

Bolívar es el guionista de las series de mayor impacto en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. De las series televisivas más famosas son las que han sido basadas en sus libros: "Sin tetas no hay paraíso" que plantea el tema del papel de las mujeres en el narcotráfico:

"Un fenómeno que tiene que ser visto de doble manera. Tenemos una desgracia, e imagínate que lo digo de esa forma, de que las mujeres colombianas son muy bonitas, y eso, a la vez, juega en contra de la moral, es de esa belleza que se han aprovechado los narcotraficantes. Le preguntaba a los narcotraficantes, ¿cuál es la mujer en que ustedes se inspiraron? y me decían 'Pamela Anderson' por lo de la serie 'Baywatch' [...] desde ahí que las quieren operadas, con el busto grande, la mujer para el narcotraficante es como una especie de trofeo, algo para exhibir, no pueden salir con una mujer que no sea linda, ellos fabrican a las mujeres", puntualiza Bolívar a HuffPost Voces.

Y su libro "El Capo", serie de la cual actualmente se transmite la segunda parte por la cadena Mundo Fox en Estados Unidos.

Lo impresionante de la verosimilitud de sus historias, el complejo y bien logrado perfil psicológico de sus personajes, la trama, y por su puesto los guiones, han levantado gran polémica pero a la vez son lo que mayor impacto ha dado en la audiencia. Llega un punto en que el televidente no sabe si lo que ve es producto de la genialidad del escritor y los actores, o veladamente se está revelando algo de verdad.

En varias entrevistas realizadas al guionista Gustavo Bolívar, éste declara tajantemente su desprecio por los narcotraficantes y sus delitos, afirma haberlos atacado siempre y que continuará haciéndolo, a pesar de tener el temor constante de que lo manden matar. Pero igual parece estar bastante familiarizado con su forma de proceder, ha estudiado el comportamiento de los "traquetos" (como les llaman en Colombia) por diez años, tiempo en que los ha conocido escuchándolos y conversado con ellos en la cárcel, donde una vez les dictó un curso de libretos, tenían que hacer un guión en común, el tema era una fuga, lo plantearon tan bien que lo aplicaron y se fugaron.

A pesar del sentir verdadero del autor, la serie de "El Capo", para algunos, parece justificar a los narcotraficantes y todo lo que hacen con tal de enriquecerse, pues esta serie expone a un hombre con culpa por el daño que causa y con resentimiento por lo que es, incapaz de perdonarse a sí mismo, crítico del sistema y de la manipulación de la Iglesia pero que cree en Dios, aunque piensa que si en verdad existe un ser tan bueno, no podría ser capaz de perdonar a un hombre como él, mucho menos de ayudarle.

Expone, además, a un capo soberbio y ambicioso, pero que en sus momentos de soledad es capaz de arrodillarse ante Dios suplicando por su familia, su esposa y sus hijos, y que después de tener la muerte tan cerca innumerables veces, cuando él sale victorioso experimenta sentimientos encontrados, por un lado cada vez se siente más invencible y crece su soberbia de que todo lo puede, pues dice "Lo imposible es sólo lo posible en la mente de un mediocre"; pero por otro lado, cuando triunfa y logra burlar a las fuerzas militares y toda la tecnología de las fuerzas armadas, incluso de Estados Unidos, levanta la mirada al cielo y con un grito desgarrador parece que le dijera a Dios "¡ni tú me vas a detener!" entre exclamación, súplica y pregunta.

Bolívar comenta que su intención no es justificarlo sino comprender por qué hacen lo que hacen, para lo cual expone en la serie, la vida de El Capo cuyo nombre es Pedro Pablo León Jaramillo, desde niño "para que la gente capte que son el Estado y la clase política los culpables de existan los narcos". 

"Los narcos, los delincuentes no tuvieron la oportunidad de educación ni de trabajar. Los gobernantes no tienen justificaciones porque tuvieron la oportunidad de estudiar en las mejores universidades del mundo, son de buena familia" (Bolívar, Episodio  28)

Aunque hay quien ha creído que está basado en Pablo Escobar, Bolívar explica que no. Dice que Pedro Pablo tiene el bajo perfil de Urdinola, la sagacidad de Leónidas Vargas, la capacidad de engaño de Perafán, la diplomacia de los Rodríguez Orejuela y la sevicia de Escobar. Físicamente es un capo que conoció en una fiesta de actores en la que las niñas de "Protagonistas de novela" (un programa de televisión colombiano) negociaban sexo con los invitados. Ya lo asesinaron.

Comprender hace parte de un acto de compasión. Comprender no es justificar. Y para comprender es preciso no juzgar. Suspender el juicio por un momento y escuchar. Antes de juzgar hay que examinar si nosotros mismos no estamos cobijándonos en el sucio velo de la doble moral.

Es ésta la acusación más directa que tienen en común todos los narcotraficantes a la clase política y a todos aquellos que piensen y actúen igual.  Un narcotraficante sabe lo que es y no lo niega, no se justifica ni pretende decir que lo que hace está bien. Sabe que está mal, que es ilícito, que hace daño, que viven en una constante guerra y que como en toda guerra, mueren inocentes, y no se enorgullecen de ello.

Tienen más claro que nadie los profundos valores familiares, el valor de ser hombre de palabra y que su palabra valga, respetan a sus enemigos directos y castigan la traición, la mentira, la corrupción, y entre más logran corromper a esos de cuello blanco que navegan con careta de rectitud y justicia, más los odian y más los culpan porque por su corrupción ellos pueden seguir haciendo lo que hacen.

Es en ese momento en que confirman sus convicciones sobre la falsedad de los sistemas políticos y de que ellos, con sus manipulaciones, hacen más daño marginando y robando a los más pobres.  Esta es la realidad del pensamiento de un capo que comparte Bolívar de boca de los mismos narcotraficantes.

La siguiente cita es de una carta, dentro del libreto de la serie de El Capo, que escribe Pedro Pablo León Jaramillo describiéndose a sí mismo:

Lo primero que tengo que decirte es que no es cierto que la maldad humana no tenga límites. Yo los conozco. Confieso que he pisoteado a medio mundo, pero todos lo han merecido, y lo he hecho a mi modo, con odio pero con respeto, con decisión pero sin saña, con sangre fría pero con dolor ajeno y compasión.

Soy el delincuente más grande de todos los tiempos pero no porque sea el que más crímenes atroces haya cometido, lo soy porque he sido el más astuto para transitar por entre los bosques de la ilegalidad sin que los lobos del sistema me engullan. Perdonarás mi falta de modestia pero es algo que mis mismos enemigos reconocen. Es un imperio maligno que he tratado de aliñar con una larga estela de bondad que me llevó a compartir mis riquezas, que no son pocas, con aquellos a quienes los dueños del poder decidieron un día marginar de toda posibilidad de bienestar, como si la felicidad fuera un bien exclusivo de los corruptos.

Jesús es el único ser diferente a mi familia en quien creo. No creo en las casualidades de la vida. No creo en la suerte, no creo en el destino, no creo en el diablo, no creo en las premoniciones ni en el paso desafortunado por debajo de una escalera. Ni en el martes trece. No creo en la sal ni en  la mala suerte ni en el gato negro ni en el espejo roto. No creo en los políticos que deciden el rumbo del mundo jugando al poder, llenando sus bolsillos con la comida de sus hermanos más débiles y hablando más de la cuenta con palabras rebuscadas para descrestar a sus adeptos y confundir a sus detractores.

Creo en los karmas, en la vara que mide, en la libertad, en mi esposa, en mi madre, en mis hijos y en lo que mis veinte mil millones de dólares puedan hacer para mantenerme vivo y feliz al lado de ellos. También creo, y firmemente, en mis enemigos, ellos son la razón de ser de mi guerra. Ellos no mienten cuando se ofrecen a liquidarme sin contemplaciones y me ofrecen la posibilidad de saber qué piensan y qué quieren de mí. Son honestos.

Bolívar ha expuesto de forma bien lograda la humanidad de un capo, sus razones y pensamientos, sus sentimientos y resentimientos, sus paradojas y contradicciones.

Sin embargo, si bien comprender no es justificar, tampoco es empatizar y mucho menos simpatizar. Lo que está mal, está mal siempre independientemente de quién cometa el acto malo, y todo hombre es responsable de sus decisiones y acciones, y son igualmente culpables tanto el político que habiendo tenido buena familia, buena educación y buenas oportunidades da paso a la corrupción y a la doble moral, como el hombre de origen pobre, marginado que se refugia en el camino fácil de culpar a los demás de su desgracia, en vez de superarse y con esa honorabilidad que presumen los capos, mejor combatir y verdaderamente hacer algo por la sociedad.

Teniendo semejante destreza, trabajos de inteligencia mejores que la CIA, increíble pericia para burlar hasta la INTERPOL y una retórica mejor que cualquier político para persuadir a seguidores, si lo utilizaran para acabar con todo lo que critican del sistema, qué maravilla sería, la utopía de la política sería posible, ya que para ellos nada es imposible.

Series como las de Gustavo Bolívar, y otras como "El Cartel de los Sapos", "La Ruta Blanca" , "Pablo Escobar" deben ser leídas con la disposición de enfrentar esa realidad que nos rodea, de comprender mejor todos los frentes que tiene este fenómeno del narcotráfico, con objetividad, comprensión pero sobre todo sin llegar a confundir los valores. Tener humanismo con las personas no es ser permisivo con sus acciones.

Bibliografía:

1.     Serie El Capo DVD, RCN Televisión, Guión de Gustavo Bolívar.

2.     Bolívar Moreno, Gustavo; El Capo, Ed. Random House Mondadori, 2012

3.     Biografía de Gustavo Bolívar Click aquí

4.     Gustavo Bolívar, el narcotráfico ha afectado la psicología de las colombianas Click aquí

El capo va a ponerle un carro bomba al Congreso Click aquí

 

Ernesto William Rojas D.

Analista programador de Sistemas

e-mail: ewilliamrojasd@gmail.com

 

Seguidor del Catesismo de la Iglesia

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