jueves, agosto 26, 2010

LA VIRGEN MARÍA HA SIDO HONRADA Y VENERADA COMO MADRE DE DIOS DESDE LOS ALBORES DEL CRISTIANISMO.

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"Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48)

                                     

Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo.

En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo. Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas».

De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.

Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía. Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando.

Una magnífica muestra del culto mariano es la oración "Sub tuum praesidium" (Bajo tu amparo nos acogemos)  que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: «¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».

La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la « Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.

Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».

El testimonio de los padres de la Iglesia

El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen. Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.

En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María. En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica. Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y  constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium, que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.

A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad -San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María. La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Éfeso del año 431.

Las prerrogativas o privilegios marianos

La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos.

Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal. Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxilio de los cristianos.

En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.

Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.

Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.

Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Éfeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" –panaguía-. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.

Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.

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lunes, agosto 23, 2010

IGLESIA EN COLOMBIA PIDE A CORTE RECHAZAR UNIONES HOMOSEXUALES



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Mons. Rubén Salazar, Arzobispo de Bogotá y Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia
BOGOTÁ, 14 Ago. 10 / 08:56 am (ACI)

El Presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana (CEC), Mons. Rubén Salazar, rechazó este viernes la demanda interpuesta por grupos de presión homosexual ante la Corte Constitucional para autorizar las uniones del mismo sexo equiparándolas con el
matrimonio en el país a través de la modificación del Código Civil.
En declaraciones a Caracol Radio, el nuevo Arzobispo de Bogotá señaló que una sociedad solo se puede construir sobre el fundamento sólido de la unión entre el hombre y la mujer dado que solamente ahí existe la "fecundidad y trasmisión de la vida".
"Toda otra unión que no sea entre varón y mujer, indudablemente que puede ser de carácter económico, puede tener garantías en todos los otros campos, pero que no se puede equiparar a esa unión fundamental del varón y la mujer", explicó.
Mons. Salazar precisó que no es necesario que sea reconocida como matrimonio la convivencia entre parejas homosexuales e indicó que se les puede conceder garantías y derechos, pero no es necesario que se los equipare "con aquello que es la base fundamental de la sociedad", es decir el matrimonio conformado entre un hombre y una mujer.
"Nosotros partimos de la naturaleza humana como tal, como el Señor la hizo, el Señor creó varón y mujer, y pidió que ellos fueran los que se unieran en una unión estable que nosotros llamamos matrimonio", señaló.
Por su parte el Secretario General de la CEC, Mons. Juan Vicente Córdoba, también pidió a la Corte Constitucional no aceptar la demanda contra el Código Civil que busca permitir las uniones homosexuales.
"Fabricar moneda falsa es devaluar la verdadera y poner en peligro todo el sistema económico. De igual manera, equiparar los homosexuales con la familia es introducir un peligroso factor de disolución de esa institución y, con ella, del justo orden social", dijo el Prelado según señala el diario El Tiempo en su edición en línea.
La Conferencia Episcopal indicó en el citado documento que la demanda contra el Código Civil que busca que se reconozca a las uniones homosexuales como matrimonio es injusta y aseguró que las uniones entre homosexuales no cumplen el fin básico del matrimonio: engendrar hijos.
El texto señala luego que científicamente se ha demostrado que los homosexuales "se hacen, no nacen" por lo que aceptar el matrimonio gay sería crear "un ambiente proclive a la homosexualidad". Mientras que si ellos son únicamente tolerados, sin ser reconocidos, su número puede disminuir.
También considera como una "falta de respeto a la especie humana" el que estas parejas homosexuales traten de recurrir a medios artificiales de fecundación para suplir sus limitaciones.

lunes, agosto 09, 2010

ESTEN PREPARADOS

Maíz

El médico revisaba a Francisco de Asís. Y de pronto hizo un gran silencio. El Pobrecillo intuyó que algo malo pasaba, y le preguntó que sucedía. El médico quiso ser sincero y le dijo: "Francisco, a ti no te puedo mentir. Debes preparar tus cosas porque pronto vas a morir"  No se  como tomaría cualquiera de nosotros esa fatal noticia… pero para Francisco, fue motivo de alegría. Dijo: "Bienvenida, hermana muerte, porque me vas a llevar con Dios." Y en una hermosa oración que había compuesto para alabar a Dios por todo lo existente, añadió un verso: "Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal, de la que ningún ser viviente podrá escapar. Dichoso a quien encuentre haciendo tu santa voluntad, pues la muerte segunda no le hará mal."  Le puso música a esta poesía, y convocó a los frailes que mejor cantaban  y tocaban algún instrumento , y se puso a cantarla noche y dia, alegre y feliz.  Estaba alojado en el palacio del obispo, quien quería que Francisco estuviera bien atendido. Pero la gente de alrededor empezó a murmurar… y un día llegó el ministro general muy enojado, y le dijo: "Francisco,  ¿que escándalo es este? La gente está murmurando, y dice que los frailes estamos contentos porque te vas a morir." Y el Pobrecillo dijo con asombro: ¿Y cómo… no están contentos? Oye, voy a ir a la casa de mi Padre celestial, voy a contemplar cara a cara al Jesús amado de mi alma. Voy a recibir un abrazo de mi Madre santísima. Voy a recibir el pago de una vida de trabajos y sacrificios… ¿Y no quieren que este contento?."  Y tomando sus cosas, salió de inmediato del palacio y de la ciudad, y se dirigió al convento de Santa María de los Ángeles, en la llanura que rodea Asís.  Y ahí pudo cantar todo lo que le diera la gana, sin molestar a nadie. Y cantando, en medio de un salmo, entregó confiadamente su alma al Señor.

A muchos tal vez se les haga extraña la actitud de Francisco… pero lo cierto es que el no tuvo miedo a la muerte, porque estaba preparado. Estaba, como dice el evangelio de hoy, con su túnica puesta y su lámpara encendida, a la vigilante espera de la llegada de su Señor. Hay gente por ahí sembrando miedo, anunciando el fin del mundo… pero si nosotros estamos haciendo lo que es debido, no tenemos por que tener miedo.

Hoy Jesús nos dice: No tengan miedo, porque el Padre ha tenido a bien darles su Reino. El único costo es desearlo de todo corazón y orientar hacia allá nuestra vida. Lo cual implica estar alerta, atentos a lo que Dios nos va pidiendo a cada instante de la vida. Vigilantes, como el padre de familia que protege su casa, o como el buen administrador al que en cualquier momento se le puede pedir cuenta de su administración.

¨Grandes cosas hemos prometido a Dios, mayores nos están prometidas. El deleite del mundo es breve, y la condenación es eterna. El padecer por Dios es corto, y la gloria será infinita.

ESTEMOS PUES PREPARADOS, Y VIVAMOS SIN TEMOR

Seguidor del Catesismo de la Iglesia

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