domingo, octubre 07, 2007

De la gracia del perdón

 

Un aspecto importante de la vida cristiana es el perdón.

Es que es imposible que no haya problemas.

Por eso Dios nos ha dejado tan claro

que debemos tener el corazón abierto al perdón.

Les comparto un bello mensaje que recibí esta mañana,

y lo complemento con un trozo de una carta de San Francisco

a un Ministro que estaba furioso con algún hermano difícil…

son impresionantes las recomendaciones que le da Francisco;

sólo con un corazón lleno de Dios se puede comprender esto.

 

 

 

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La Pipa del Perdón.

Si te has peleado con tu hermano y te propones matarlo

-dijo el jefe de la tribu fijando su mirada en uno del grupo-

antes de hacerlo, siéntate, carga tu pipa y fuma.

Al final te darás cuenta que la muerte para ese enemigo tuyo

es un castigo demasiado grave en relación a lo que te ha hecho,

y te propondrás darle una buena paliza.

Luego, carga tu pipa por segunda vez y fuma hasta el fondo.

Al final te convencerás que en lugar de tantos golpes

podrían ser suficientes unos cuantos reproches.

Después de haber cargado tu pipa por tercera vez,

y de haber acabado de fumar, entonces -concluyó el jefe de la tribu-

 te convencerás que es mejor que vayas donde tu hermano y le des un abrazo.

Leyenda de Madagascar.

"Si te has peleado con tu hermano y te propones matarlo...

antes de hacerlo, siéntate, carga tu pipa y fuma".

Si nos dejamos llevar por los primeros impulsos,

fácilmente cometeremos un error.

"No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo"

(Lv 19, 18).

En lugar de la venganza, es mejor acercarse al otro,

ir donde el hermano y darle un abrazo.

Esto es lo que manda Jesús.

"Han oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente.

 Pues yo les digo: no resistir al mal;

antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha

ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo

para quitarte la túnica déjale también el manto;

y al que te obligue a andar una milla, vete con él dos.

A quien te pida, dale, y al que desee que le prestes algo,

no le vuelvas la espalda"

(Mt 5, 38-43).

Amar a los amigos es fácil, eso lo hacen también los paganos.

Para ser hijos de Dios, hay que amar a los enemigos,

orar por los que nos persiguen y ser perfectos como Él,

que hace salir el sol sobre malos y buenos

(Mt. 5, 44-48).

A la violencia se la vence con la no violencia,

no con la fuerza bruta.

San Pablo nos enseña cómo tratar al que nos ha ofendido.

 "Bendecir a los que os persigan, no maldigáis...

Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos...,

antes al contrario, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer;

y si tiene sed, dale de beber...

No te dejes vencer por el mal;

 antes bien, vence al mal con el bien"

(Rm 12, 14-21).

No es fácil vencer el mal con el bien;

sólo los que se apoyan en Jesús

y cuentan con la gracia de Dios, pueden hacerlo.

 Pero todos estamos convencidos

de que es la única forma de acabar con la violencia.

"Al enemigo se le puede destruir de dos maneras,

una matándolo y la otra es haciéndolo amigo"

(Abraham Lincolm).

¿Quién iba a decir que un hombre tan pequeño como Ghandi,

no usando la violencia, sería capaz de doblegar al imperio Británico?

(del libro Parábolas para una vida más feliz).

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CARTA A UN MINISTRO

A fray N., ministro: El Señor te bendiga.

Acerca del caso de tu alma, te digo, como puedo,

que todo aquello que te impide amar al Señor Dios,

y quienquiera que sea para ti un impedimento,

trátese de frailes o de otros,

aun cuando te azotaran, debes tenerlo todo por gracia.

Y así lo quieras y no otra cosa.

Y tenlo esto por verdadera obediencia al Señor Dios y mí,

porque sé firmemente que ésta es verdadera obediencia.

Y ama a aquellos que te hacen esto.

Y no quieras de ellos otra cosa, sino cuanto el Señor te dé.

Y ámalos en esto; y no quieras que sean mejores cristianos.

Y que esto sea para ti más que el eremitorio.

Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor

y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber,

que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado

todo cuanto haya podido pecar,

que, después que haya visto tus ojos,

no se marche jamás sin tu misericordia,

si pide misericordia.

Y si él no pidiera misericordia,

que tú le preguntes si quiere misericordia.

Y si mil veces pecara después delante de tus ojos,

ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor;

y ten siempre misericordia de tales hermanos.

Y, cuando puedas, haz saber a los guardianes que,

por tu parte, estás resuelto a obrar así.

Francisco de Asís

 
 

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