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San Juan Crisóstomo “En vano tus palabras dan fe de que crees en Jesucristo, si tus acciones desmienten a tu lenguaje. ¿Estás pronto a morir por confirmar tu fe? Tú, que pierdes el cielo y la gracia de Dios antes que privarte de un ligero placer, ¿eres cristiano? Si ni siquiera puedo en ti reconocer a un hombre razonable, ¿cómo habría de darte el nombre de cristiano?”
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Publicado por Ernesto Rojas en 10:09 a.m.
Publicado por Ernesto Rojas en 9:39 p.m.
en 1917, la biblioteca John Rylands de Manchester, recibió un gran panel de papiro egipcio. Entre los rollos había uno con un corto texto escrito en griego clásico. Fue etiquetado con el número 470. Tenían entre sus manos la oración mariana más antigua del mundo, conocida como Sub tuum praesidium (ya por su nombre en latín y traducido al español como Bajo tu protección).
El fragmento fue datado en el año 250 d.C., un siglo antes del Edicto de Milán firmado por el emperador Constantino. Eran tiempos de persecución y los cristianos le pedían en esta oración su protección a María, bajo la advocación de Theotokos. Esta palabra griega quiere decir la que da luz a Dios y se usaba para referirse a la Virgen como madre de Jesús. Casi 200 años después se consagró este nombre de María como Cristotokos, en el Concilio de Éfeso (431 d.C.).
La oración a María Theotokos aparece en el papiro escrita a mano con tinta marrón. Según los detalles del archivo, se cree que podría ser un modelo para un grabador, es decir, para copiarse tantas veces fuese necesario. Igualmente indican que no hay indicios de que estuviera destinada al uso litúrgico, sino que se trataría más bien de un extracto privado.
Además de ser la reproducción más antigua de esta oración tan importante para las tradiciones católica y ortodoxa, en las que se ha llegado a convertir en un himno, es también la evidencia más antigua que sobrevive de cristianos dirigiéndose a la Virgen como madre Dios. Ello es prueba también de que ya durante los primeros siglos del cristianismo existía una devoción a María.
Además de la griega, hay versiones en copto, siriaco, armenio y latín. Fue durante la Edad Media cuando se popularizó su uso como antífona final del rezo de Completas, en vez del Salve Regina, en la Liturgia de las Horas, que se sigue practicando a día de hoy. Más tarde, Pío VI concedió de forma extraordinaria una indulgencia de cien días para quien con contrición rezase por la mañana la Salve y por la tarde el Sub tuum praesidium.
Publicado por Ernesto Rojas en 7:15 p.m.
Publicado por Ernesto Rojas en 11:29 a.m.
La mayoría de las definiciones sobre las letanías las describe como una «serie de alabanzas y súplicas ordenadas, repetidas y concordes entre sí, por las que seruega a Dios y su madre Santa María.» Si aún así no quedara claro, la definición más sencilla que se puede dar de las letanías es que son un poema dirigido a la Virgen, como cuando un hijo le dedica un poema a su madre. Son un conjunto de halagos dedicados a la Virgen María, tal como un hijo halagaría a su madre.
La práctica de oraciones litánicas es una de las mas comunes. Se les encuentra ya desde las sinagogas judías, donde se realizaban 18 bendiciones en las que se enumeraban las diferentes categorías sociales de las personas y las necesidades de estas. San Pablo hace alusión a esta costumbre (1 Timoteo 2, 1-2). Antes de adentrarnos en el significado y fundamento bíblico de las mismas, explicaremos fundamento de varios títulos de María que se repiten constantemente en las letanías.
Santa María LC 1, 28
Santa Madre de Dios Lucas 1: 39-43
Santa Virgen de las vírgenes . Isaías 7,14
Madre de Cristo (Lucas 1, 31).
Madre de la divina Gracia LC 1, 28
Madre Purísima (Lucas 1, 28)
Madre castísima (Lucas 1, 28) (Lucas 1, 38).
Madre y Virgen (Lucas 1, 28) (Lucas 1, 38).
Madre santa (Lucas 1, 28) (Lucas 1, 38).
Madre inmaculada (Lucas 1, 28 Apocalipsis 22, 14) Éxodo 40, 34-35
Madre digna de ser amada Juan 13:34 (Jn 19, 26-27)
Madre digna de ser admirada Lc 1, 39-56 Lc 1, 46-56
Madre del buen consejo (Juan 2, 5)
Madre del Creador (Génesis 1, 26) (Juan 1, 1)(Colosenses 2, 9) (Filipenses 2, 6) (Juan 1, 14)
Madre del Salvador Lucas 1, 31) (Lucas 2, 11)
Madre de la Iglesia (Lucas 1, 31) (Juan 19, 27) (1 Corintios 12, 27) (Efesios 5, 29-30)
Virgen prudente ( Lucas 1, 34-35) (Lucas 2, 19)
Virgen digna de respeto (Lucas 1, 28) (Lucas 1, 42) (Lucas 1, 48) Ver sección «Santa
Virgen signa de alabanza Lucas 1, 45)
Virgen poderosa (1 Reyes 2, 20) (Juan 2, 3-5)
Virgen fuente de clemencia (1 Timoteo 2, 1) (1 Juan 4, 21) (Lucas 15, 10)
Virgen fiel (Lucas 1, 38) (Juan 19, 25)
Ideal de santidad Lucas 1, 26-38,
Causa de nuestra alegría (Lucas 1, 28) (Salmo 112, 1) (Salmo 119, 1-2)
Templo del Espíritu Santo Lucas 1:35
Honor de los pueblos
Modelo de entrega a Dios Lucas 1, 26-38,
Hermosa como las rosas de Jericó (Cantar 2, 1-2)
Fuerte como torre de David (. Lc 2, 35)
Hermosa como torre de marfil (Cantar 4, 4) (Cantar 7, 4)
Casa resplandeciente Apocalipsis 12:1
Arca de la nueva alianza (Éxodo 25, 10 -16) (Hebreos 9, 4) (2 Samuel 6, 9) (Juan 6, 51) (Hebreos 4, 14) (Juan 1, 14)
Puerta del cielo (Ezequiel 43, 1-7) (Ezequiel 44, 1-2) (Lucas 1, 34-35)
Estrella de la mañana (Malaquías 3, 20) ó (Malaquías 4, 2) (según su versión de la Biblia) (Lucas 1, 78) (Cantar 6, 10) (Apocalipsis 22, 16)
Salud de los enfermos (Cantar 4, 11-15) (Marcos 1, 34)
Refugio de los pecadores (1 Juan 2, 1) (Mateo 11, 28) (Santiago 5, 16)
Consuelo de los afligidos
Auxilio de los cristianos (1 Juan 2, 1) (Mateo 11, 28) (Santiago 5, 16)
Reina del cielo y la tierra apocalipsis 12:1-17
Reina de los ángeles Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de los patriarcas Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de los profetas Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de los apóstoles Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de los mártires Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de los que viven su fe Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1-17
Reina de los que se conservan puros Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de todos los santosJer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina concebida sin pecado original Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina llevada al cielo Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina del santo Rosario Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
Reina de la paz Jer 13:18; Lc 1:32-33; Ap 12:1
• Madre
En la Biblia encontramos que María es, efectivamente, la madre de Jesús: «Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús» (Lucas 1, 27). Es también la madre de Dios, que es Jesús (Lucas 1, 43), y madre de los creyentes representados en el apóstol Juan (Juan 19, 25-27).
• Virgen
La encarnación de Jesús es de manera virginal, sin ninguna intervención humana, sino por obra del Espíritu Santo (Isaías 7, 14) (Lucas 1, 26-38)
• Santa
María es Santa por ser la Llena de Gracia (Lucas 1, 28). Ahora, vamos a profundizar en lo que realmente significa «Llena de Gracia», pues este vocablo necesita analizarse despacio.
«Llena de Gracia» en griego -idioma original escrito- es «Kejaritomene» (Κεχαριτομενη) es mucho más profundo de lo que pensamos. Significa «Plenitud de la gracia» y es el único lugar de la Escritura donde encontramos este vocablo, y más aún, «[…] en toda la literatura griega antigua aparece unas doce veces» (Ponce Cuéllar, Miguel; María p.100). María es la plenitud de la gracia por que lleva dentro de sí a la plenitud de la gracia que es Jesús. ¿No es la mayor de las gracias el llevar a Jesús dentro?
La palabra «Kejaritomene» se usa en el texto como un pronombre -palabra que ejerce las misma funciones que el sustantivo- y no como adjetivo, que es una palabra que describe o complementa al sustantivo. Pongamos unos ejemplos gramaticales para su mejor comprensión:
– Usando un pronombre: «Oscar y Kevin son de Venecia, ellos son italianos». El pronombre (subrayado) se utiliza para no volver a escribir el nombre o nombres de los sujetos mencionados en un inicio. Lo mismo pasa en la Biblia: ««¡Alégrate!,llena de gracia, el Señor está contigo»» (Lucas 1, 28). Aquí el pronombre (subrayado) se utiliza para sustituir al sustantivo o sujeto, y así suplir el decir: «¡Alégrate!, María, el Señor está contigo».
-Usando un adjetivo: «Antonio, ingenioso, me dio un idea.» El pronombre (subrayado) complementa o describe al sujeto, no lo sustituye. Del mismo modo en la Biblia: «Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo.» (Hechos 6,8 ) . Aquí el adjetivo (subrayado) se utiliza para describir o complementar al sujeto, en este caso a Esteban, indicando que estaba lleno de gracia y de poder y no que fuera «el Lleno de Gracia».
Por esto, cuando a María se le dice «Llena de gracia» (Kejaritomene/ Κεχαριτομενη) indica que ella es la plenitud de la gracia, muy distinto al caso de Esteban que solo estaba, más no era, «el lleno de gracia» (Pleres charito / πληρης χαριτος).
• Reina
Si Jesús es Rey, María tiene que ser Reina, ¿Por qué? La Biblia hace mención que por aquellos tiempos y lugares la reina no era la esposa del rey, sino la madre del rey (Jeremías 13, 18). El mismo caso se da con el rey Salomón, hijo de David, y su madre Betsabé (1 Reyes 2, 19-20). Ahora, como Jesús, también es hijo de David (Lucas 1, 32), su madre, María, también es una Reina Madre, al igual que Betsabé. ¿Cómo podemos asegurarlo?
Si Jesús es Rey (Juan 18, 37), y es mayor que Salomón (Lucas 11, 31), igual María es mayor que Betsabé. Si Jesús es Rey de todo, María también es Reina, de los ángeles, de los santos, de los confesores, etc. Ella también es Reina de los patriarcas, santos, ángeles por qué su papel como madre del Salvador es único. El poder que ejercen Jesús y María no se basa en la autoridad ni en el poder mismo, sino en el amor.
Las Escrituras mencionan que hay que honrar a los padres (Éxodo 20, 12) ¿De que manera lo cumplió Aquél que instituyó esto? Recompensó a la mujer pura que le dió la vida, que tuvo gran fe y que fue fiel seguidora suya, ¿Cómo? Se la llevó a la gloria y la coronó para que reine con él, igual que Betsabé y Salomón pero de una forma más plena en el reino del Padre, de ahí que la Escritura afirme que tiene «una corona de doce estrellas en su cabeza.» (Apocalipsis 12, 1)
• Ruega por nosotros
María, al igual que los santos, puede interceder por nosotros. Ella no está muerta (Lucas 20, 38), sino que «A los ojos de los insensatos parecían muertos» (Sabiduría 3, 2). ¿Cómo podría ella ser mediadora, si solo lo es Jesús? La mediación de Jesús es distinta a la intercesión de María. Jesús es mediador de una Nueva Alianza al morir por nuestros pecados (Hebreos 9, 15), María solo intercede.
Jesucristo es el único juez supremo, pero los cristianos serán jueces en el cielo. (Mateo 19, 28) (Lucas 22, 30) (1 Corintios 6, 2-3)
Jesús es el único Pastor (Juan 10,16), pero El establece pastores (Juan 21,15-17) (Efesios 4,11)
Jesús es el único Rey (Juan 18, 37), pero nosotros Reinaremos con él (Apocalipsis 4,4, 10).
Jesús es el único Mediador, pero en Él, los santos son mediadores (Santiago 5, 16) (Apocalipsis 5,8) (Apocalipsis 6, 9-10) (Apocalipsis 8,3-4) (Apocalipsis 18,18-20)
La Mediación de Jesús es sacerdotal, así lo dice San Pablo en Hebreos capítulo 9, por eso Él es el único, pues es Sacerdote, victima y altar de una Nueva Alianza, pero la Intercesión es de todos los bautizados, incluyendo a María que fue bautizada con el Espíritu Santo en Pentecostes. (Hechos 1, 14) (Hechos 2, 1-4). Ella solo intercede, por eso le decimos «Ruega por nosotros» y no «Ten piedad de nosotros», por qué solo Dios es fuente de toda gracia y misericordia.
Después de haber analizado estos titulos de María que se repiten constantemente dentro de las letanías, ahora le explicaremos a continuación el significado y fundamento bíblico de cada una de ellas, en el orden por el que aparecen en todos los libros de oraciones.
– Santa María
««¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».» (Lucas 1, 28). Ver la sección «Santa».
«¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (Lucas 1, 42). María es la única mujer que ha sido bendecida de manera extraordinario como es el haber sido la Madre del Salvador.
En la Biblia se nos habla de otra mujer, Jael, de quien dice que es «¡Bendita entre las mujeres que habitan en carpas!» (Jueces 5, 24), por qué al enemigo, Sísara «[…] le partió la cabeza, le machacó y le atravesó la sien.» (Jueces 5, 26). Por el contrario, María es bendita no solo entre las mujeres de las carpas, sino entre todas las mujeres, por qué le aplastó la cabeza al enemigo, Satanás, al haber nacido sin mancha para poder albergar en su seno al Santo de los santos.
– Santa Madre de Dios
(Isaías 7,14) (Lucas 1, 26-38) Jesús es Dios (Juan 1, 1) (Lucas 1, 43). No es lo mismo ser Madre de Dios que Creadora de Dios, son dos cosas muy distintas. Véase ¿Es acaso María la Madre de Dios?.
María, al ser la Madre de Jesucristo, es Madre de un perfecto Hombre, pero también del perfecto Dios.
– Santa Virgen de las vírgenes.
(Isaías 7, 14) (Lucas 1, 26-38). Véase la sección «Virgen».
Además de no conocer varón, lo hizo solo por amor de Dios, lo cual la convierte en Virgen y le da una distinción entre todas las demás. La virginidad de María no es común, es única, perfecta, sublime y que añadió a su Pureza Virginal un sello de consagración y de perpetuidad.
– Madre de Jesucristo.
«Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». (Lucas 1, 31).
Cuando María contesta «Hágase en mi, según tu palabra», Dios Hijo se hace hombre. Desde ese momento Jesucristo ya es hijo de María, y ella su madre.
-Madre de la Divina Gracia.
(Lucas 1, 28) (Lucas 1, 26-38).
Esta letanía significa dos cosas: que es Madre de Cristo (la Gracia Suprema) y que es mediadora de todas las gracias. Cristo, manantial de la divina Gracia. María, Madre de Cristo, Madre de la divina Gracia. Por eso el Ángel Gabriel la llama «Llena de Gracia».
– Madre Purísima
(Lucas 1, 28). Véase «Llena de Gracia» en la sección «Santa».
María no conoció varón, tuvo parto virginal. Limpia de corazón. Toda su alma en Dios Padre, todo su cuerpo en Dios Hijo; todo su espíritu en Dios Espíritu Santo.
– Madre Castísima
(Lucas 1, 28) (Lucas 1, 38).
Castidad es ofrecer todo el propio ser al servicio de los planes de Dios. Así lo hizo María cuando acepto la voluntad de Dios y se convirtió en Madre del Salvador.
– Madre intacta o inmaculada
(Lucas 1, 28) Véase «Llena de Gracia» en la sección «Santa».
Era lógico que el Hijo de Dios se engendrase en una carne sin pecado alguno. A Dios no le puede ver cara a cara sino alguien sin pecado (Apocalipsis 22, 14). Así como la Morada era santa y pura por qué el Señor la cubría con su gloria (Éxodo 40, 34-35), así también era María, cuando Dios Trino descendió plenamente en ella (Lucas 1, 35). Esto aplica también para la letanía de «Madre sin mancha».
– Madre amable
(Lucas 1, 36- 39) (Lucas 1, 56) (Juan 2, 3)
Las Escrituras dicen que María se tomó la molestia de ir a casa de su prima Isabel cuando se enteró que esperaba un hijo, y permaneció a su cuidado hasta que Isabel dio a luz. También fue atenta cuando se enteró de que faltaba vino en las bodas de Caná.
La Biblia también dice que «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.» (1 Juan 4, 16). En María también se cumplió esto, pues Dios permaneció en ella, no solo espiritual, sino también físicamente en ella. Ese amor lo demostró también al ser madre.
– Madre del buen consejo
(Juan 2, 5)
María nos da el mejor consejo de todos cuando nos dice: ««Hagan todo lo que él les diga»» (Juan 2, 5). Efectivamente, el mejor consejo es decirnos que hagamos la voluntad de su Hijo, que vivamos sus enseñanzas.
– Madre del Creador
(Génesis 1, 26) (Juan 1, 1) (Colosenses 2, 9) (Filipenses 2, 6) (Juan 1, 14)
Si conocemos bien lo que es la Trinidad, sabremos que Jesús también es Dios, y por tanto el fue el que creó el mundo. Así lo demuestra el Génesis cuando Dios dice en plural «Hagamos» al hombre. Cómo María es madre de Jesús, Dios y hombre, es también Madre del Creador. Si reflexionamos en esto, veremos que se esconde un mensaje muy hermoso: El Creador mismo quiso nacer como una de sus criaturas para entenderlos y salvarlos».
– Madre del Salvador
(Lucas 1, 31) (Lucas 2, 11)
María fue madre de Jesús, aquél cuya misión era redimir el mundo y devolverle su relación inicial con el Padre que perdieron Adán y Eva.
– Madre de la Iglesia
(Lucas 1, 31) (Juan 19, 27) (1 Corintios 12, 27) (Efesios 5, 29-30)
Eva es considerada la madre de los hombres, María lo es también en grado más perfecto. Ella fue madre del cuerpo físico de Jesús, y por ende también lo es del cuerpo místico de Jesús, a quien la Biblia lo identifica con la Iglesia, la cual somos todos los cristianos católicos. Jesús le da a su madre al apóstol Juan, quien nos representa a todos nosotros. María es por tanto Madre de la familia de Dios, la Iglesia.
– Virgen Prudentísima
( Lucas 1, 34-35) (Lucas 2, 19)
Alguien prudente es alguien reflexivo, alguien que piensa las cosas o analiza detenidamente algún suceso. Prudencia es cautela, es moderación, sensatez, buen juicio … además, es la que dirige y regula todas nuestras acciones. Así era María, cautelosa y reflexiva.
Ante el anuncio de que concebirá al mismo Hijo de Dios, permanece constante en la resolución de su virginidad. Ella no es incrédula como Zacarías, sabe por el Profeta Isaías que el Divino Mesías prometido ha de nacer de una virgen, pero pregunta el cómo, requiere una explicación, ésta es prudencia sobrenatural y divina.
– Virgen Venerable
(Lucas 1, 28) (Lucas 1, 42) (Lucas 1, 48) Ver sección «Santa».
Veneración es admiración, afecto, anhelo de exaltación. Movimiento del espíritu que dirige el centro del alma al corazón de la persona venerada, de la persona amada. Esto es lo que sentimos los cristianos hacía María. No la adoramos a ella ni a sus estatuas, sino que le rendimos respeto profundo y le damos gran admiración por las obras que Dios hizo en ella (Lucas 1, 49), en esto se cumple la promesa de que todos la llamarían feliz o bienaventurada.
De igual manera es «Virgen Digna de Alabanza», por qué tuvo gran fe y entrega total a Dios y el cariño que tuvo a los demás. Bien Isabel le dijo: «Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor» (Lucas 1, 45).
– Virgen Poderosa
(1 Reyes 2, 20) (Juan 2, 3-5)
Sólo Dios es poderoso y Todopoderoso por virtud propia, Aquellos (as) a quienes Dios les comunique poder es por voluntad de Él (poder participado). Cuando decimos que María Santísima es poderosa, no la igualamos a Dios, ni decimos que Ella lo sea por sí misma, este poder, del cual Ella está revestida le viene de Dios, le fue comunicado por gracia especial de Dios.
María es poderosa porque su poder se asocia al de su Hijo Jesucristo. Su divina Maternidad es el fundamento principal de su poder. Ella consigue todas las gracias de Jesús, pues si Salomó no se lo negaba a su madre Betsabé, mucho menos Jesús a su madre María.
– Virgen Clemente (o misericordiosa)
(1 Timoteo 2, 1) (1 Juan 4, 21) (Lucas 15, 10)
Ella sabe que Dios quiere perdonar y pide para que él perdone. El amor de Dios, se manifiesta en el amor al prójimo, y este a su vez en la preocupación por los demás. Así es María. Ella se preocupa de todos sus hijos, los seguidores de su hijo Jesús, en especial por los pecadores, por qué quiere que se reconcilien con Jesús y así halla gozo en el cielo.
– Virgen Fiel
(Lucas 1, 38) (Juan 19, 25)
Fiel a la llamada de Dios. Fidelidad sin condiciones. Fiel al pie de la cruz. Fiel en el gozo y en el dolor, en el oprobio y en la gloria, en Nazaret y en Belén, en Judea y en Egipto, durante el triunfo del Hijo y en su muerte sobre la Cruz en el Calvario. La fidelidad es aquella virtud que nos inclina a mantener, a cumplir las promesas hechas. Es una virtud afín a la justicia. María fue fiel a Dios.
– Espejo de Justicia
(Colosenses 1, 15) (Jeremías 23, 6) (Malaquías 3, 20)
Jesús es la imagen de Dios invisible, el reflejo de Dios mismo, que Jeremías describe como «la justicia». Ese mismo Dios de justicia vendría a salvar a los hombres, como un Sol de Justicia para consumir a los impíos. Ahora, ¿Brilla la Luna por sí misma? No. Refleja la luz del Sol. Entonces María es como la Luna, que refleja la luz del Sol de Justicia, es decir de Dios, de Jesús. Por eso María es un Espejo de Justicia.
– Trono de la Sabiduría
(1 Corintios 2, 7) (Juan 16, 30) (Juan 2, 24-25) (Sabiduría 1, 4)
Jesús, Dios, es el que tiene toda la sabiduría del universo, y la más perfecta. En las Escrituras vemos que los apóstoles reconocían que Jesús sabía todo. En otros textos leemos que está sabiduría de Dios es infinita y que con ella creó este mundo, lo hizo perfecto en un inicio (Génesis 1, 31). Esta misma Sabiduría se hizo hombre y vino a poner su morada en el seno de María. La Biblia dice que la Sabiduría no habita en un cuerpo sometido al pecado.
Si pudo habitar en hombres como Salomón o Daniel, ¡Cuanto más en la Virgen María!, en aquella que nació sin pecado. Se le dice Trono de la Sabiduría, por qué el Dios Sabio pusó su sede en sus entrañas.
– Causa de nuestra alegría
(Lucas 1, 28) (Salmo 112, 1) (Salmo 119, 1-2)
La alegría normal, es aquella que frivola, falsa, breve o basada en bienes materiales. La alegría cristiana es por otro lado la tranquilidad de conciencia, la amistad con Dios, paciencia en las adversidades, esperanza en los bienes eternos y el cumplir con la voluntad de Dios. El cumplir con la voluntad es una fuente de alegría por qué te hace estar bien con Dios y con el prójimo y te da una paz interior en el alma que no se consigue si se hiciera por pura moral o ética.
María supo cumplir con la voluntad de Dios, por eso ella es muy alegre, por qué vivía en amistad con él. Por otra parte, su misión, el ser madre de Dios, fue para ella de gran alegría, no por nada el Ángel la saluda diciendo: «Alégrate». Esa misma alegría debe tener nosotros, por qué el que ella aceptara la voluntad de Dios, nos trajo la salvación, y debe entonces causa de nuestra alegría.
– Vaso espiritual
(Jeremías 51, 34) (Salmo 2, 9) (Isaías 64, (Proverbios 25, 4) (Romanos 9, 20-21)
En las Escrituras, enseña Santo Tomas de Aquino, que los hombres son comparados con vasos, de manera metafórica se le llama vasos o recipientes a los hombres. En aquel tiempo los vasos – hechos de barro- eran modelados por el alfarero para darle la forma deseada. Así Dios era comparado con ese alfarero, y los hombres con los vasos, que Dios moldeaba según sus designios.
María fue «modelada» de manera perfecta, para nacer sin mancha y poder albergar en ella a Dios mismo. ¿Quiénes somo para reprochar a Dios por qué nos hace o hace de cierta manera a las personas? Eso dice San Pablo en su carta a los romanos. ¿Quiénes somos para reprochar porqué Dios, alfarero perfecto, quiso modelar de tal manera a María? Ella fue por tanto un vaso perfecto, que esta siempre Lleno de Gracia.
Debido a esta dignidad y a las virtudes que tuvo María por ser Madre de Dios, se le considera un Vaso Espiritual, donde fue a habitar Dios mismo, y por esto mismo también es considerada Vaso Honorable.
– Rosa Mística
(Cantar 2, 1-2)
A María se le relaciona con las flores, en especial con la rosa, por considerarse, la reina de las flores. La rosa nace, crece y se vuelve una hermosa flor, rodeada de espinas. Así María nació, creció y se volvió una hermosa joven santa, que sería después Madre de Dios, pero a la vez sufriría por esas espinas, como lirio entre cardos, como dice el libro del Cantar de los Cantares. Sufrió pobreza, persecución y huida a Egipto, y dolor por la muerte de su Hijo.
Es bella como una rosa, y es Mística por qué su alma esta colmada de la gracia de Dios, y aunado a esto, que la Trinidad descendió sobre ella: El Padre la cubrió con su sombra, el Espíritu Santo descendió sobre ella y el Hijo habitó en ella.
– Torre de David y Torre de Marfil
(Cantar 4, 4) (Cantar 7, 4)
El libro del Cantar de los cantares contiene alusiones a que el cuello de la Amada es como Torre de David, como Torre de Marfil. A esto dice San Antonio María Claret (Siglo XIX): «La razón es muy clara. Nadie se puede salvar sin el auxilio de la gracia que viene de Jesús, como cabeza que es de la Iglesia o cuerpo, y María es como el cuello que junta, por decirlo así, el cuerpo con la cabeza; y así como el influjo de la cabeza al cuerpo ha de pasar por el cuello, así, pues, las gracias de Jesús pasan por María y se comunican al cuerpo o a los devotos, que son sus miembros vivos». Por eso, estas relaciones del cuello como torre se aplican muy bien a María.
– Casa de Oro y Arca de la Nueva Alianza
(Éxodo 25, 10 -16) (Hebreos 9, 4) (2 Samuel 6, 9) (Juan 6, 51) (Hebreos 4, 14) (Juan 1, 14)
El Arca de la Alianza fue hecha de oro puro por dentro y por fuera, así sería digna de llevar adentro lo más valioso para Israel. Un cofre de oro con el maná, el pan que bajo del cielo, la vara de Aarón, el sumo sacerdote, y las tablas de la Ley, la palabra de Dios escrita, conocidos como los Diez Mandamientos. Cierta vez David no quiso que el Arca entrara en su casa (2 Samuel 6, 9) sino que permaneció en la de Obededom por tres meses (2 Samuel 6, 11) donde bendijo a todo su familia.
María por su parte, fue pura y sin mancha por dentro y por fuera desde su nacimiento, así sería digna de llevar adentro lo más valioso para el mundo. Jesús, el verdadero Pan bajado del cielo, Sumo y Eterno Sacerdote, y Palabra de Dios hecha carne. Cierta vez, María fue a visitar a Isabel, su prima, está se sintió indigna de su visita (Lucas 1, 43), pero aún así la recibió y permaneció tres meses en su casa (Lucas 1, 56) hasta que nació Juan Bautista. Por esto María es el Arca de la Nueva Alianza, la Casa de Oro.
– Puerta del Cielo
(Ezequiel 43, 1-7) (Ezequiel 44, 1-2) (Lucas 1, 34-35)
Los Padres de la Iglesia vieron en la puerta que nos describe el libro de Ezequiel, una figura de María. Ezequiel nos narra que el Señor entró por esa puerta a su Santuario, pero sin abrirla. Dios dio orden de nunca abrirla, y que nadie entraría por ella, por qué el ya había entrado por ella. De igual manera, María es esa puerta, por la que entró Dios a ella, su Santuario, y ahí tomo su cuerpo y se hizo hombre. Dios entró en ella, engendró pero nadie la tocó. Nadie la tocaría ni la mancharía, por qué el ya había entrado en ella.
– Estrella de la Mañana
(Malaquías 3, 20) ó (Malaquías 4, 2) (según su versión de la Biblia) (Lucas 1, 78) (Cantar 6, 10) (Apocalipsis 22, 16)
Las Escrituras comparan a Jesús con el Sol. Así como el Sol surge al amanecer para traer sus rayos para iluminar, y, así Jesús surge en la historia para iluminar a los que están en tinieblas, es decir, en el pecado. Ahora, es un hecho natural que antes del amanecer, existe una llamada «estrella de la mañana» o «lucero del alba» que anuncia la salida del sol. Este astro, que no es más que el planeta Venus, brilla con intensidad tres horas antes del amanecer.
María por tanto anuncia la llegada del verdadero Sol de Justicia. Ella surge como la aurora, dice el libro del Cantar de los Cantares. Dijo en una ocasión el papa Inocencio, como la aurora señala el fin de la noche y el comienzo del día, así María puso fin al pecado al dar a luz a Jesús, el Salvador.
– Salud de los enfermos
(Cantar 4, 11-15) (Marcos 1, 34)
María nos trajo la Salud a los enfermos, por qué nos dio al médico divino, a la medicina perfecta. Jesús en vida pasando curando de muchos males, y lo sigue haciendo en el Cielo. El Cantar de los Cantares hace alusión a María como una mujer que destila miel, como jardín del que brotan frutos exquisitos, del que brota un manantial. San Bernardo dijo: «Jesús es miel en la boca,melodía en el oído, gozo en el corazón. ¿Hay alguno entre nosotros que estén tristes? Que Jesús entre en su corazón, y luego se muestre en su rostro, y he aquí que delante del resplandor que se levanta de su nombre, toda nube se desvanece y regresa la serenidad.» Sin duda todo eso que brota del jardín es Jesús, la medicina física y espiritual perfecta.
– Refugio de los Pecadores, Consuelo de los Afligidos, Auxilio de los Cristianos.
(1 Juan 2, 1) (Mateo 11, 28) (Santiago 5, 16)
Jesús nos da el perdón cuando acudimos a él con arrepentimiento. Él nos promete que nos hará descansar de todas nuestras preocupaciones, tanto física como espiritualmente. María, como madre nuestra, siempre nos alienta a seguir a su hijo. Ella intercede por nosotros, y nos puede alcanzar ese perdón de Jesús y para alcanzarnos el amor de Jesús.
Es un refugio, cuando pensamos que desagradamos a Dios, cuando pensamos que lo hemos defraudado. Como madre que es, ella nos consuela, nos hace ver que Dios esta pronto para perdonarnos. (Isaías 55, 7) Por eso, también es nuestro auxilio, por qué pide por nuestras necesidades a Dios. Siempre nos recuerda que el «hacer lo que Jesús nos diga» es lo mejor que podemos hacer.
– Reina de los Ángeles, profetas, patriarcas, etc.
(Véase la sección, «Reina»)
(Para la letanía, «Reina elevada al cielo», véase )
LAS LETANÍAS terminan orando a Dios hecho hombre, Jesucristo, bajo el nombre de Cordero. Ya Isaías relaciona a Jesús en la cruz como un «como un cordero llevado al matadero» (Isaías 53, 7). Un cordero como los que eran sacrificados para el perdón de los pecados cada año en el Templo. Jesús en cambio, al morir una vez y para siempre, redimió de los pecados a todos los hombres. Bien San Juan Bautista le llamó «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.» (Juan 1, 29) Al final le pedimos perdón al Señor y le suplicamos que tenga piedad de nosotros.
Apreciemos verdaderamente esta serie de halagos o elogios a María. El Cantar de los Cantares hace alusión a una amada. Esa Amada es una figura de María. De ella se dice: «Ella es la única de su madre, la preferida de la que la engendró […]» (Cantar 6, 9). A esta mujer amada, «la felicitan las jóvenes, las reinas y concubinas la elogian.» (Cantar 6, 9). Nosotros como hijos suyos, hermanos de Jesús debemos también de darle el honor que se merece. Sigamos el consejo de San Pablo: «honor, a quien le es debido.» (Romanos 13, 7)
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La Iglesia siempre se ha apoyado en la Sagrada Escritura para formular su doctrina mariana y los dogmas mariológicos. Incluso, cuando se invoca a la Tradición, por mayor prudencia y certeza, se apela más a la interpretación tradicional pero escrita de los textos escriturísticos, que a las tradiciones más modernas y no escritas. A este respecto hace referencia explícita la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus en donde se define la Asunción de María.
Los textos propiamente mariológicos de la Escritura son pocos, pero alcanzan para dar un fondo teológico a los dogmas y todo aquello referente a la Madre de Dios y que la Iglesia profesa y sostiene.
Respecto al Antiguo Testamento, establecer la doctrina mariana tiene cierta complejidad, dado que no existe unanimidad de opiniones entre los exegetas sino más bien los criterios son muy variados. De este modo unos sostienen que las menciones de María son tan vagas que es difícil seguirlas y otros, por el contrario, que se la puede ver a cada paso de la Biblia.
No obstante, el Concilio Vaticano II, con el Capítulo VIII de la Constitución Dogmática Lumen gentium, ha servido para orientar el estudio dando las bases para encararlo.
En el Antiguo Testamento, todos los pasajes mariológicos pertenecen a la categoría de profecías y por sus características y contenido los exegetas las dividen en "profecías directas", que incluyen los textos considerados como ciertos, a saber: Génesis 3,15, Isaías 7,14 y Miqueas 5,2, que propiamente cita a Isaías 7,14; y "profecías indirectas" en las que distinguen entre los "textos acomodados", como Judith 15,9, Proverbios 8 y Eclesiástico 28; y los "textos de sentido discutidos": Jeremías 13,22, Salmo 44 y el Cantar de los Cantares.
Los tres textos de las "profecías directas" pueden y deben afirmarse con certeza como textos mariológicos ciertos, pues además de contar con el respaldo del Magisterio y la Tradición más antigua de la Iglesia son enumerados también por el Concilio Vaticano II (LG, n. 55).
El pasaje de Génesis 3,15 constituye el portal mariológico de la Sagrada Escritura en el cual leemos:
"Establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje, él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar".
Este versículo se lo conoce con el nombre de Protoevangelio. El primero que lo llamó así fue el teólogo protestante Lorenzo Rhetius hacia 1638, quien escribe el porqué de esa denominación: "Merece el nombre de Protoevangelio, porque es el primer Evangelio, esta 'buena noticia', que alentó al género humano privado de la gracia de Dios". En el ámbito católico el nombre de Protoevangelio es utilizado recién en 1753 por el teólogo Smiths en una publicación crítica del Génesis basada en la Vulgata y editada en Bélgica.
Puede calificarse también como un "oráculo de Yahvé", pues las palabras se colocan directamente en boca de Dios y tienen un contenido profético, sentencioso y está expresado con solemnidad.
Es un texto que de por sí contiene toda la fuerza y vigor de la acción salvífica de Dios en la cual proféticamente están presentes los dos personajes inseparables: Jesucristo y María.
I. Interpretación exegética
Partiendo de que la criatura interpelada con el pronombre personal "tú" es la serpiente, los personajes involucrados son cuatro:
A. la serpiente.
B. la mujer.
C. el linaje de la serpiente.
D. el linaje de la mujer.
Pero además, en la estructura del versículo, se observa una triple oposición:
1. "Establezco enemistad entre ti y la mujer" (Gn 3,15a )
La serpiente < > la mujer.
2. "Entre tu linaje y su linaje" (Gn 3,15b)
El linaje de la serpiente < > el linaje de la mujer.
3. "Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar" (Gn 3,15c)
La serpiente < > el linaje de la mujer.
1. "Establezco enemistad entre ti y la mujer" (Gn 3,15a)
A. "Establezco" o pongo ('asît): primera persona del imperfecto activo de qal del verbo sît. La importancia del sentido activo tiene un trasfondo teológico fundamental dada la realidad del pecado que se traduce en amistad con la serpiente y enemistad con Dios.
La enemistad que se va establecer, no puede provenir del hombre por la característica de infinitud que tiene la ofensa del pecado de origen a Dios y que lo sujeta al demonio. No existe esfuerzo ni voluntad humana que pueda quebrar esa nefasta dependencia y por ello la enemistad la pondrá Dios y es solamente Dios quien establece esa enemistad como acto salvífico.
La forma verbal además indica una acción que empieza pero que va a perdurar en el futuro, como quien diría: "de aquí en más". Viendo esto, la traducción en presente sería más propia que en futuro: "Estableceré enemistad entre ti y la mujer", pues la enemistad sería trasladad a un tiempo por venir, cuando en realidad Dios la ha puesto en ese mismo momento.
Si bien, gramaticalmente, el texto no expresa un crescendo de esa enemistad se desprende del contexto que existe una tensión prolongada hacia un extremo, por lo que el verbo afecta a las demás enemistades: entre el linaje de la serpiente y el linaje futuro de la mujer, llevando hacia una concusión de una lucha singular.
B. "Enemistad" ('êbah) en el texto hebreo y en la traducción de los LXX al singular, mientras que en la Vulgata ("inimicitias ponam") aparece en plural, "enemistades"; el singular expresa una mayor radicalidad.
El término 'êbah, en la Sagrada Escritura, se aplica siempre a una enemistad entre seres racionales y no entre seres irracionales. Por lo tanto al ser que dirige Dios sus palabras es un ser racional: el demonio con forma de serpiente y no simplemente a un animal.
Hay que notar que esta enemistad, como observa F. Asencio, se da en el mayor grado: "habitual, implacable y profunda... que no se satisface sino con el derramamiento de sangre", dando como ejemplo otros pasajes veterotestamentarios para demostrar la calidad de una enemistad tal: "Si por enemistad le ha golpeado con las manos, y muere, el que le ha herido tiene que morir: es un homicida. El vengador de la sangre dará muerte al homicida en cuanto le encuentre" (Num 35,21-22); "Así dice el Señor Yahvé: Porque los filisteos han actuado vengativamente y han ejecutado su venganza con desprecio y animosidad, tratando de destruir a impulsos de un odio eterno, por eso así dice el Señor Yahvé: He aquí que yo extiendo mi mano contra los filisteos; extirparé a los kereteos y destruiré lo que queda en el litoral del mar. Ejecutaré contra ellos terribles venganzas, furiosos escarmientos, y sabrán que yo soy Yahvé, cuando les aplique mi venganza" (Ez 25,15-16); "Por haber alimentado un odio eterno y haber entregado a la espada a los hijos de Israel el día de su desastre, el día de su última culpa, por eso, por mi vida, oráculo del Señor Yahvé, que yo te dejaré en sangre y la sangre te perseguirá. Sí, eres rea de sangre, ¡y la sangre te perseguirá!" (Ez 35,5-6)". (Cf. F. Asensio, Génesis: La Sagrada Escritura. Texto y comentario. Antiguo Testamento, T.I, Madrid 1967, p.51).
C. "Entre ti", es decir entre la serpiente, que significa el demonio, en oposición a la mujer. A lo largo de toda la Escritura, sea en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la serpiente, es símbolo inequívoco del demonio: "Por la envidia del diablo entró la muerte al mundo" (Sab 2,24); "Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad porque no hay verdad en él" (Jn 8,44); "Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero" (Ap 12,9); "Dominó al Dragón, la Serpiente antigua –que es el Diablo y Satanás- y lo encadenó por mil años" (Ap 20,2); etc.
Según los autores modernos, el hecho de representar al demonio con la serpiente, además de ser un dato escriturístico incontestable, se veía reforzado por el contexto religioso que rodeó al pueblo de Israel y al primer cristianismo. La serpiente era objeto de culto entre los pueblos vecinos como los egipcios y en las religiones siríacas que lo vinculaban con la fecundidad (J. Danielou, Le péché originel, in AA.VV., Notre Foi, Paris 1967, p.116). Y esto se puede vincular perfectamente con el pensamiento del Antiguo y del Nuevo Testamento, que considera a los dioses de los paganos como demonios: "Sacrifican a demonios, no a Dios" (Dt 32,17); "Sacrificaban a sus hijos y sus hijas a demonios" (Sal 106,37); "Lo que inmolan los gentiles, ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! Y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios. No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios" (I Cor 10,20-21); "Los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos; no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni caminar" (Ap 9,20); etc.
D. "Y la mujer". La mujer (ha'issah). La palabra 'issah va acompañada por el artículo ha. Este artículo puede ser utilizado en el hebreo con tres sentidos, de allí que el sólo análisis filológico no sea suficiente.
1° sentido: Refiriéndose al sujeto de que se habla en el contexto.
2° sentido: De modo colectivo.
3° sentido: Para hablar de una persona u objeto que no es nombrado, pero que sí está en la mente del que habla. Este último sentido es particularmente factible de ser utilizado en el género literario profético.
Sin embargo, para dilucidar la significación de este artículo, es necesario verlo en el conjunto del contexto estudiando las interpretaciones exegéticas.
2. "Entre tu linaje y su linaje" (Gn 3,15b)
"Linaje": descendencia o semilla (zera' ). La palabra zera' se aplica en primer lugar a las semillas de las plantas, como aparece en el Génesis: "La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla adentro, por sus especies" (Gn 1,12).
No obstante, es usual y frecuente que con ese término se indique la descendencia de los hombres y normalmente tenga sentido colectivo: "Toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre" (Gn 13,15); "Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti" (Gn 17,7); "Yo te colmaré de bendiciones y acrecentaré muchísimo tu descendencia como las estrellas del cielo y como las arenas de la playa, y se adueñará tu descendencia de la puerta de tus enemigos. Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido tu mi vos" (Gn 22,17-18); etc.
También puede tener un sentido moral a modo de una colectividad que comparte una actitud o fin común: "¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa, semilla de malvados, hijos de perdición!" (Is 1,4).
A partir de esto debemos concluir que ambos linajes tienen un sentido colectivo, pero mientras que el linaje de la serpiente tiene un sentido colectivo moral, que se puede entender como una colectividad que sigue fines diabólicos, el linaje de la mujer tiene un sentido colectivo físico, traducido en una enemistad de toda la humanidad con los demonios.
No hay suficientes elementos para sostener que en esa colectividad diabólica estén incluidos también los hombres cuyos principios, modo de actuar y de pensar, son aquellos del demonio.
3. "Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar" (Gn 3,15c)
A. "Él" (hû'). En la Vulgata se traduce hû' por ella (ipsa), pero lo correcto es traducir el artículo hû' por él, tal cual se encuentra en el texto masorético, donde figura hû' y no hî' (ella). La traducción del artículo en singular masculino esteológicamente más exacta pues la cabeza de la serpiente no será aplastada por la mujer sino por el linaje de esta.
Se ha visto que la oposición entre ambos linajes era colectiva. A pesar de ello, en las postrimerías de ese antagonismo, esa oposición se transforma en confrontación y lucha, pero adquiere nuevamente un carácter personal y singular. Así, aquella oposición: serpiente < > mujer (Gn 3,15a), se convierte ahora en: serpiente < > linaje de la mujer, por lo cual es un descendiente singular y concreto el que va a aplastar la cabeza al ser singular y concreto serpiente.
B. "... Aplastará ..." - "... Acecharás ...". Al estudiar estos dos términos, tenemos que las dos acciones se traducen con el mismo tanto en el texto hebreo (suf), como en la versión griega de los LXX (teréo). En estas dos actitudes futuras, según sostiene Coppens, hay que diferenciar el sentido de ataque y éxito de la primera (aplastará), del de defensa fallida de la segunda (acechará), es decir, lo intentará sin lograrlo (Coppens, Eph. Theol. Lov. 26 (1950) 14s).
Corrobora esta interpretación considerar la raíz de swp, que significa un movimiento para lanzarse sobre algo y que lleva a un choque, pero cuya eficacia está en dependencia de la situación en que se encuentra aquel que lleva a cabo la acción. Así tenemos que el linaje de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente, la que tratará de alzarse para acechar el calcañar de quien la ha pisado, pero no pasa de ser un intento sin éxito. El mismo texto concluye aquí y no habla de mordedura o de algo por el estilo. La serpiente se encuentra en una posición desfavorable, y ya derrotada, su movimiento no pasa de ser una reacción instintiva, sólo acechará.
II. Aspecto cristológico
El vers. 15, es continuación del vers. 14 y con él concluye el castigo de la serpiente. El vers. 16 está reservado al castigo de Eva y los vers. 17 a 19 al castigo de Adán. Estas tres sentencias tienen en común que los culpables no reciben solamente el castigo de Dios sino también de sus víctimas, consecuencia de subvertir el orden divino.
Existe un escollo proveniente de una tradición anterior a San Ireneo e Hipólito que considera una herida del linaje de la mujer cuyo cumplimiento tuvo lugar cuando Cristo muere en la cruz y, por lo cual, caería la interpretación de Gn 3,15c, en el sentido de que el acechar de la serpiente, entonces habría tenido éxito alcanzando a su víctima. Pero se ha comprobado que tal tradición, alegórica y acomodada, no parte de Gn 3,15c, sino de Gn 49,17 que dice: "Sea Dan una culebra junto al camino, una víbora junto al sendero. Que pica al caballo en sus jarretes y cae su jinete de espaldas".
La realidad es que Gn 3,15 profetiza que un descendiente futuro y singular de Eva, seducida por la serpiente, castigará al tentador.
Este pasaje es absolutamente mesiánico y no debe ser separado de otros textos que ayudan a dar una mayor luz interpretativa como el Oráculo de Balaam (Num 24), en donde leemos pasajes tales como: "Sale un héroe de su descendencia, domina sobre pueblos numerosos" (Num 24,7) o "Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel" (Num 24,17). De este modo la descendencia o linaje de la mujer no es otro que Cristo.
III. Aspecto mariológico
Se ha visto que el linaje de la mujer es el Mesías, alguien concreto, singular y no colectivo, debemos dilucidar, entonces, cuál es la mujer que menciona Gn 3,15c, de quien vendrá aquel que derrotará a la serpiente.
Es evidente que existe un sentido inmediato que tiene su referencia directamente a Eva, más aún considerando que el vers. 16 contiene el castigo divino a la mujer que cayó frente a la tentación del demonio. Pero ello no quita, incluso por determinadas apreciaciones del mismo texto, que se haga referencia a otra persona, más aún, si atendemos de que se trata también de un pasaje con contenido profético.
En contraposición con el vers. 16, en donde la desolación impera por la pena impuesta dada la falta cometida, en el vers. 15a, la imagen de la mujer es triunfalista y, evidentemente, Eva no se puede considerar como triunfadora sino todo lo opuesto.
Si recorremos la Sagrada Escritura, jamás vamos a encontrar una imagen victoriosa de Eva, sino, todo lo contrario, aparece como la mujer seducida, vencida, sumida en la tristeza y con la terrible carga de haber sido la primera responsable de introducir el pecado y la muerte en el mundo. Basta observar algunos pasajes: "Por la mujer fue el comienzo del pecado, y por causa de ella morimos todos" (Eclo 25,24); "Temo que, al igual que la serpiente engañó a Eva con su astucia, se perviertan vuestras mentes apartándose de la sinceridad con Cristo" (II Cor 11,3); "El engañado no fue Adán, sino la mujer que, seducida, incurrió en la trasgresión" (I Tim 2,14); etc.
De aquí que en Gn 3,15a, haya que afirmar con certeza que detrás de Eva hay otra mujer, la Nueva Eva, y por lo cual tendríamos que la palabra mujer está designando en sentido literal inmediato a Eva y en sentido plenior a María.
Volviendo sobre la triple oposición contenida en Gn 3,15, sin dejar de lado que la palabra principal es "establezco", pues es la que manifiesta la voluntad divina en una acción concreta, es clave detenerse en el término "enemistad", constituyendo el gozne sobre el cual gira todo el argumento del texto.
La enemistad puede darse en lo que podríamos llamar dos planos: uno superficial e imperfecto, y otro pleno o perfecto. La enemistad entre el linaje de la mujer y el linaje de la serpiente de Gn 3,15b, como se vio con anterioridad, es colectiva, sea física o moral, y por lo tanto superficial e imperfecta. Pero en Gn 3,15c, hemos visto que esa enemistad, con Cristo, se transforma en singular y personal, distinta al resto del linaje de la mujer de Gn 3,15b, y además es plena y perfecta. Lo mismo es aplicable a Eva respecto a María. Estos paralelismos nos remiten a considerar que Cristo y María tienen "las mismas enemistades", que son plenas y totales respecto al demonio, tal cual lo sostenido por Pío IX en la bula Ineffabilis Deus. Con ello se confirma que Gn 3,15 habla en sentido plenior de María.
IV. La tradición exegética
La particular traducción de la Vulgata de Gn 3,15c de ella (ipsa) en vez de él, fue una de las causas que llevaron a que no hubiese una interpretación mariológica unánime del Protoevangelio entre los Padre de la Iglesia. Algunos de ellos lo hicieron, pero para evitar este escollo y no poner en tela de juicio a la Vulgata (que gozaba de una autoridad indiscutible y, por otro lado, no había aún un desarrollo de la ciencia exegética dedicada a un análisis filológico y crítico hasta el siglo XI) el sentido mariológico del Protoevangelio lo basaron sobretodo en Gn 3,15a y no en 15c.
A pesar de que el primero en ver la figura de María en Gn 3,15c fue el obispo Fulberto de Chartres (+ 1028), considerado el primer teólogo y humanista del siglo XI y fundador de la célebre escuela catedralicia, no se cambiará el enfoque exegético mariológico concentrado sólo en Gn 3,15a, hasta bien entrado el siglo XIII.
Por ello no se puede decir que el período patrístico ofrezca una fundamentación de peso en el tema, situación que se revertirá con la tradición post-patrística y que adquirió con el tiempo una presencia importante en la Iglesia en lo que respecta a la interpretación mariológica del texto genesiaco.
V. El magisterio eclesiástico
1. Anterior al Concilio Vaticano II
Anteriormente al Concilio Vaticano II, el magisterio de la Iglesia no ha hablado del sentido mariológico de Gn 3,15 de modo estricto, pero existen tres documentos importantes que se acostumbraban citar como argumento de autoridad con un trasfondo exegético proveniente de la tradición patrística y post-patrística. Las citas de Gn 3,15 o sus alusiones se reducen a breves fragmentos, pero tienen en común tres cosas:
- Considerar a Eva como figura de María, unida a Cristo en la lucha contra el pecado y victoriosa junto con él.
- Si bien menciona un origen patrístico y de la tradición sobre la interpretación exegética, no hay citas de nombres dentro del texto ni se transcriben párrafos de sus obras, como se puede apreciar que ocurre en otros documentos pontificios.
- En ningún momento se intenta hacer una nueva exégesis sino simplemente se hace referencia a la ya existente.
A. Pío IX: Bula Ineffabilis Deus (8.XII.1854):
"...,al glosar las palabras con las que Dios,...aplastó la osadía de la engañosa serpiente y levantó maravillosamente la esperanza de nuestro linaje, diciendo: 'Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre su descendencia y la suya'; enseñaron (los Padres y escritores eclesiásticos) que, con este divino oráculo, fue de antemano designado clara y patentemente el misericordioso Redentor del humano linaje, es decir, el unigénito Hijo de Dios, Cristo Jesús, y designada su santísima Madre, la Virgen María".
En este párrafo que se trascribe Gn 3,15a como enseñado por la tradición de la Iglesia, pero el sujeto del párrafo con que se introduce la bula se refiere a "algunos" y no a todos, por lo que no habría un consentimiento común y universal. Esto puede corroborarse además por la referencia que hace el documento a los Padres cuya lista es bastante modesta.
B. Pío XII: Constitución Apostólica Munificentissimus Deus (1.XI.1950):
"Pues debe sobre todo recordarse que, ya desde el siglo II, la Virgen María es presentada por los Santos Padres como la nueva Eva, aunque sujeta, estrechísimamente unida al nuevo Adán en la lucha contra el enemigo infernal; lucha que, como de antemano se significa en el Protoevangelio (Gn 3,15), había de terminar en la más absoluta victoria sobre la muerte y el pecado, que van siempre asociados entre sí en los escritos del Apóstol de las gentes (Rom 5 y 6; I Cor 15,21-26.54.57)".
Pío XII no hace referencia directa a Gn 3,15, sino a la interpretación de la tradición que asocia a María, nueva Eva, con la lucha contra el demonio. A San Justino (+ 165) se le atribuye haber explicitado por primera vez el paralelismo Eva-María en el Diálogo con Trifón, y posteriormente retoma el tema San Ireneo (+ 202) en Contra los herejes. Considerando estrictamente el documento pontificio en su conjunto, basándose en la Escritura y en relación al triunfo sobre el enemigo, la enseñanza emergente es plenamente cristológica quedando casi totalmente diluido cualquier sentido mariológico.
C. Pío XII: Encíclica Fulgens corona (8.IX.1953):
"...,ya en las Sagradas Escrituras aparece el fundamento de esta doctrina, cuando Dios, creador de todas las cosas, después de la lamentable caída de Adán, habla a la tentadora y seductora serpiente con estas palabras, que no pocos Santos Padres y Doctores de la Iglesia y muchísimos autorizados intérpretes refieren a la Virgen, Madre de Dios: 'Pondré enemistades entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la suya...'(Gn 3,15)".
Nuevamente aquí, al decir "no pocos Santos Padres...", deja en claro que no existe un consentimiento unánime en lo que a interpretación exegética respecta.
2. El Concilio Vaticano II: Constitución Dogmática Lumen Gentium (21/XI/1964)
Recién con el Concilio Vaticano II, se puede hablar de un progreso sobre el magisterio eclesiástico anterior, pues por la fuerza del lenguaje, las expresiones utilizadas y los fundamentos esgrimidos, estaría enseñando el sentido mariológico de Gn 3,15, sin márgenes de duda:
"Los libros del Antiguo Testamento describen la historia de la salvación, en la cual se prepara, paso a paso, el advenimiento de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como son leídos en la Iglesia y son entendidos bajo la luz de una ulterior y más plena revelación, cada vez con mayor claridad iluminan la figura de la mujer Madre del Redentor; ella misma, bajo esta luz es insinuada proféticamente en la promesa de victoria sobre la serpiente, dada a nuestros primeros padres caídos en pecado (Gn 3,15)" (Concilio Vaticano II, LG VIII, 55).
3. Juan Pablo II: Carta Encíclica Redemptoris Mater (25/III/1987)
Esta Carta Encíclica constituye el documento pontificio mariano más moderno y en sus NN° 7 y 11, se menciona a Gn 3,15 con la certeza que la "mujer" allí nombrada es indiscutiblemente figura de María.
"El plan divino de la salvación, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de Cristo, es eterno. Está también -según la enseñanza contenida en aquella Carta y en otras Cartas paulinas- eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la 'mujer' que es la Madre de aquel, al cual el Padre ha confiado la obra de la salvación. Como escribe el Concilio Vaticano II, 'ella misma es insinuada proféticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres caídos en pecado', según el libro del Génesis (cf. 3, 15)" (N° 7).
"En el designio salvífico de la Santísima Trinidad el misterio de la Encarnación constituye el cumplimiento sobreabundante de la promesa hecha por Dios a los hombres, después del pecado original, después de aquel primer pecado cuyos efectos pesan sobre toda la historia del hombre en la tierra (cf. Gn 3, 15). Viene al mundo un Hijo, el 'linaje de la mujer' que derrotará el mal del pecado en su misma raíz: 'aplastará la cabeza de la serpiente'. Como resulta de las palabras del protoevangelio, la victoria del Hijo de la mujer no sucederá sin una dura lucha, que penetrará toda la historia humana. 'La enemistad', anunciada al comienzo, es confirmada en el Apocalipsis, libro de las realidades últimas de la Iglesia y del mundo, donde vuelve de nuevo la señal de la 'mujer', esta vez 'vestida del sol' (Ap 12, 1)" (N° 11).
La presentación del texto de Gn 3,15 parte del plan de la salvación como acto trascendental de la Santísima Trinidad cuya concreción se da en la Encarnación del Verbo. En ese designio divino está incorporada la "mujer" profetizada en el Génesis y hecha realidad en María, cuyo Hijo es el "linaje de la mujer" que derrotará al pecado. Hace finalmente un paralelismo entre la "mujer" del Génesis y la "mujer" del Apocalipsis, a la que vincula por medio de la "enemistad" con la serpiente, que tuvo sus comienzos en los albores de la humanidad y tendrá su culmine en la consumación de los tiempos concluyendo con el triunfo sobre el enemigo. Al unir ambos textos que constituyen los extremos de la Revelación, esa "mujer" que no es otra que María, asociada a la economía salvífica, es para toda la humanidad signo de la intervención divina, de la lucha contra el mal y también de la victoria final.
Publicado por Ernesto Rojas en 7:34 a.m.
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