miércoles, enero 28, 2015

TESTIMONIAN LA PRESENCIA DE CRISTIANOS EN EL SIGLO V

Hallan cruces y nombres de mártires en las rocas del desierto de Arabia Saudita

Una selva de cruces esculpidas en las rocas del desierto de Arabia Saudita, signo de la presencia de una vivaz comunidad cristiana alrededor del siglo V después de Cristo. Es el descubrimiento hecho por un grupo hecho por un grupo franco-saudí de arqueólogos guiados por Frédric Imbert, profesor de la Universidad de Aix-Marsella.


(Asia News/InfoCatólica) En una conferencia en la universidad americana de Beirut, de la cual da noticia el Orient-Le Jour, el profesor Imbert expuso susdescubrimientos en las paredes de roca del Jabal Kawkab («la montaña de la estrella»), en la zona sur de Arabia Saudita, en el emirato de Najran.

La zona se llama Bir Hima o Abar Hima, un nombre «que se refiere a una zona de pozos conocidos desde la antigüedad». Según el arqueólogo, es probable que la zona fuese una zona de descanso para aprovisionarse de agua« para las caravanas que viajaban de Yemen a Najran.

Las cruces, afirma Imbert, «no son la únicas conocidas en Arabia del sur y del este», pero «son sin duda las más antiguas cruces cristianas en un contexto datado en el año 470 de nuestra era».

Lengua árabe pre-islámica

Con las cruces hay mezclados textos. El conjunto de las inscripciones se extiende por más de 1 km, con una serie de nombres, en una forma que se puede definir una lengua aramea local. Ellas representan una «lengua árabe pre-islámica, o más precisamente, una lengua nabateo-árabe».

Las inscripciones se colocan en el período del reino himairita de Shurihbil Yakkuf, que ha gobernado Arabia del sur del 470 al 475. Durante su dominio habrían iniciado las persecuciones de los cristianos. Es interesante notar que entre los nombres escritos entre las cruces hay nombres como Marthad y Rabi, ambos inscriptos en la lista de los mártires de Najran, en el así llamado «Libro de los Himairitas».

Para comprender el contexto en el cual las cruces y los nombres fueron ecritos en la roca, el profesor Imbert explicó que a fines de S. III D.C., en Arabia del sur estaba la dinastía himairita, que reinó por 150 años. Esta permaneció neutral entre los dos grandes imperios bizantino y persa, eligiendo al hebraísmo como religión.

Por su parte, el cristianismo se difundió en Arabia a partir de S. IV, pero «es en el S. Vi que se difunde en la región del Golfo, en las regiones costeras de Yemen y y en Najran»

La difusión del cristianismo se realiza gracias a los misioneros persas del Imperio Sasánide y gracias a los misioneros siríacos (que no aceptaban el Concilio de Calcedonia, sobre las dos naturalezas- divina y humana de Jesucristo). Dos obispos, consagrados en el año 485 y en el 519, pertenecería a la comunidad siríaca, quizás provenientes de Irak.

Hacia el 470-475, Yusuf (Dhu Nuwas) usurpa el trono himaitita. Y es él el que ordena la masacre de los cristianos de Najran. Tal masacre está confirmada por diversas fuentes cristianas. También el Corán menciona en la sura al-Buruk («las constelaciones»).

Los cristianos sobrevivientes envían un pedido a Khaleb, rey de Etopía, que envía una expedición militar en socorro de los perseguidos. El ejército de Yusuf es derrotado, a Yusuf lo matan y se instaura en Arabia un reino cristiano. Tal reino será un protectorado etíope hasta la conquista del islam.

Para Fredéric Imbert, las cruces y las inscripciones, son «el más antiguo libro de los Árabes», escrito «en las piedras del desierto», una página de historia de los Árabes y del cristianismo.


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sábado, enero 17, 2015

¿Qué amenaza a la familia? La redefinición del matrimonio, advierte el Papa Francisco

Papa Francisco en el encuentro con las familias en el Mall of Asia Arena de Manila. Captura CTV
Papa Francisco en el encuentro con las familias en el Mall of Asia Arena de Manila. Captura CTV




MANILA, 16 Ene. 15 / 06:32 am (ACI).- El Papa Francisco alertó sobre las amenazas que enfrenta la familia en el mundo actual, especialmente el intento de algunos se redefinir la institución del matrimonio. Ante estas realidades, el Pontífice instó a proteger siempre a toda familia.

En sus palabras en el encuentro con miles de familias en Mall of Asia de Manila, el Papa Francisco dijo que "si, por un lado, demasiadas personas viven en pobreza extrema, otras, en cambio, están atrapadas por el materialismo y un estilo devida que destruye la vida familiar y las más elementales exigencias de la moralcristiana. La familia se ve también amenazada por el creciente intento, por parte de algunos, de redefinir la institución misma del matrimonio, guiados por el relativismo, la cultura de lo efímero, la falta de apertura a la vida".

El Santo Padre exhortó a estar atentos a "la nueva colonización ideológica. Existen colonizaciones ideológicas que buscan destruir la familia. No nacen del sueño, de la oración, de la misión que Dios nos da. Vienen de afuera, porque eso digo que son colonizaciones. No perdamos la libertad de la misión de la familia".

"Y así como nuestros pueblos en un momento de su historia llegaron a la madurez de decirle no a cualquier colonización política, como familia tenemos que ser muy sagaces, hábiles y Fuertes para decir no a cualquier intento de colonización ideológica sobre la familia. Y pedirle a San José que es amigo del ángel para que nos diga cuando podemos decir si y cuando podemos decir no".

"Del mismo modo que el don de la Sagrada Familia fue confiado a San José, así a nosotros se nos ha confiado el don de la familia y su lugar en el plan de Dios. El ángel del Señor le reveló a José los peligros que amenazaban a Jesús y María, obligándolos a huir a Egipto y luego a instalarse en Nazaret. Así también, en nuestro tiempo, Dios nos llama a reconocer los peligros que amenazan a nuestras familias para protegerlas de cualquier daño".

El Papa dijo además que "las dificultades que hoy pesan sobre la vida familiar son muchas. Aquí, en las Filipinas, multitud de familias siguen sufriendo los efectos de los desastres naturales. La situación económica ha provocado la separación de las familias a causa de la migración y la búsqueda de empleo, y los problemas financieros gravan sobre muchos hogares".

El Santo Padre resaltó también que "nuestro mundo necesita familias buenas y fuertes para superar estos peligros. Filipinas necesita familias santas y unidas para proteger la belleza y la verdad de la familia en el plan de Dios y para que sean un apoyo y ejemplo para otras familias. Toda amenaza para la familia es una amenaza para la propia sociedad. Como afirmaba a menudo San Juan Pablo II, el futuro de la humanidad pasa por la familia".

"Así pues, ¡protejan a vuestras familias! Vean en ellas el mayor tesoro de vuestro país y sustentarlas siempre con la oración y la gracia de los sacramentos. Las familias siempre tendrán dificultades, así que no le añadan otras. Más bien, sean ejemplo vivo de amor, de perdón y atención. Sean santuarios de respeto a la vida, proclamando la sacralidad de toda vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. ¡Qué don para la sociedad si cada familia cristiana viviera plenamente su noble vocación! Levántense con Jesús y María, y sigan el camino que el Señor traza para cada uno de vosotros".

El Papa aseguró luego que cada cristiano debe ser una voz profética en medio de la sociedad, como San José: "cuando las familias tienen hijos, los forman en la fe y en sanos valores, y les enseñan a colaborar en la sociedad, se convierten en una bendición para nuestro mundo. El amor de Dios se hace presente y operante a través de nuestro amor y de las buenas obras que hacemos. Extendemos el reino de Cristo en este mundo. Y al hacer esto, somos fieles a la misión profética que hemos recibido en el bautismo".

El Pontífice pidió luego que se preocupen "de aquellos que no tienen familia, en particular de los ancianos y niños sin padres. No dejen que se sientan nunca aislados, solos y abandonados; ayudadlos para que sepan que Dios no los olvida".

"Queridos amigos en Cristo –concluyó– sabed que yo rezo siempre por vosotros. Rezo para que el Señor siga haciendo más profundo vuestro amor por él, y que este amor se manifieste en vuestro amor por los demás y por la Iglesia. No dejéis de rezar a menudo y que vuestra oración dé frutos en todo el mundo, de modo que todos conozcan a Jesucristo y su amor misericordioso. Por favor, rezad también por mí, porque necesito verdaderamente vuestras oraciones y siempre cuento con ellas.

Lea el discurso completo del Santo Padre en:https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-discurso-del-papa-francisco-en-el-encuentro-con-las-familias-en-filipinas-99503/

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sábado, enero 10, 2015

En Paris una insólita experiencia hace proclamar a un ateo: «Dios existe, yo me lo encontré»

CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE ANDRÉ FROSSARD


Uno de los escritores y periodistas más destacados del siglo XX ha dejado como principal legado a su país, Francia, el insólito testimonio de su conversión. André había sido educado en el ateísmo por su padre, Ludovic Oscar Frossard, primer Secretario General del partido comunista, además de diputado y ministro durante la tercera República en Francia.


Fuente :(Portaluz/InfoCatólica) «Mi padre –cuenta el propio André- era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès. Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar. Karl Marx escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón. Ese bloque de dialéctica compacta velaba mi sueño de niño. (...)»

Pero el hijo de Oscar llegaría a ser con los años un afamado escritor y periodista que contaría las circunstancias de su transformación radical, en el libro testimonial Dios existe, yo me lo encontré, reconociendo allí el limitado alcance de las palabras para transmitir la riqueza y profundidad de un hecho extraordinario.

Ajeno al cristianismo

El cristianismo era una experiencia ajena en la educación de André Frossard; aunque tuvo una abuela judía y una madre, con la que estaba muy unido, que había tenido una infancia en el luteranismo. Pero nada significaban para él ni a sus padres, las campanadas de las iglesias cercanas, escuchadas en las Navidades de su infancia; aunque todos en su casa se vestían con traje de domingo… «para no ir a ninguna parte».

«Éramos ateos perfectos -puntualiza André en su libro antes citado-, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacía más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (...)»

Por eso es insólito e impactante lo sucedido a las cinco y diez de la tarde del lunes 8 de julio de 1935, en la capilla de Adoración del pequeño monasterio Sœurs de l'Adoration Réparatrice situado hasta hoy en el número 39 de la calle Gay-Lussac, en pleno Barrio Latino de París.

Frossard, con veinte años, había quedado para verse con su amigo, André Willemin. Ambos trabajaban en el diario L'Intransigeant, un periódico inicialmente de izquierdas (que luego derivó hacia el nacionalismo). Su amigo Willemin que es católico practicante estaba convencido de poder ganar para la fe a Frossard mediante el intelecto. Pero se dio cuenta que aquello era imposible cuando su amigo le ha devuelto, sin apenas comentarios, el libro del filósofo ruso Nikolai Berdiaev, Una nueva Edad Media. Con Frossard no parece servir lo de otros conversos: la lectura de pasajes bíblicos, o de obras de espiritualidad. ¿Dónde está la frase oportuna que deja al otro anonadado? A Willemin le quedaba sólo el recurso combinado de la amistad y de la oración, dejando a Dios obrar en el tiempo oportuno. André Frossard que no buscaba a Dios, sería sorprendido por Él…

«Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré. Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito. Fue un momento de estupor que dura todavía.».

Aquella tarde de verano, Frossard estaba impaciente en la calle esperando a su amigo Willemin quien había entrado en la capilla de las Hermanas de la Adoración Reparadora. Ni siquiera el edificio tenía mayor valor artístico como para gastar el tiempo observándolo. Es sólo una de tantas manifestaciones del neogoticismo del siglo XIX. Frossard finalmente decide acceder a la capilla y le resulta bastante gris, pues sus vidrieras apenas reflejan la luz del exterior. La única expresión de colorido es un altar decorado con ramas de flores. Las religiosas cantan Vísperas a dos voces, mientras algunos fieles rezan arrodillados, entre ellos Willemin. Sin embargo nada de esto despierta el interés de Frossard. Ni siquiera se percata de que se encuentra el Santísimo Sacramento expuesto. Su mirada deambula sobre aquello (la custodia) que le pareció ser una cruz de metal situada sobre el altar, iluminada por algunos cirios, y terminó deteniendo sus ojos ante el segundo cirio situado a la izquierda del objeto.

Dios en un susurro

En aquél instante con dos palabras que coparon sus sentidos, comenzó una arrolladora experiencia de conversión y transformación, inesperada para André Frossard...

«En primer lugar me fueron susurradas estas palabras «Vida Espiritual» …como si hubiesen sido pronunciadas en voz baja al lado mío… luego una gran luz… un mundo, otro mundo hecho de esplendor y de una densidad que de un golpe nos muestran el nuestro, entre las sombras frágiles de los sueños irrealizados… la evidencia de Dios… de quien siento toda la dulzura... una dulzura activa, llena de sorpresa, más allá de toda violencia, capaz de romper la piedra más dura y más dura que la piedra, el corazón humano.»

Para Frossard estas palabras se traducirán en una evidencia de Dios. Poco después, en la terraza de un café cercano, hace ante su amigo Willemin una profesión de fe: «Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, «católico, apostólico, romano», llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.»

André Frossard falleció en Paris en 1995 a los 80 años de edad. A su muerte, Juan Pablo II le rindió homenaje en un telegrama a su familia: «Conservo el recuerdo de la vida y de la obra de este laico comprometido generosamente en el seguimiento de Cristo, que ha sabido dar testimonio ante sus contemporáneos de la existencia de Dios y de la fuerza del Evangelio».

El próximo 14 de enero se celebra el centenario de su nacimiento ( 14.01.1915). Hasta en sus últimos años André confesaba…: «Desde que he encontrado a Dios yo no me logro acostumbrar al misterio de Dios. Cada día es una novedad para mí. Y si Dios existe, tengo que decirlo; si Cristo es Hijo de Dios, tengo que gritarlo; si la vida eterna existe, yo la debo predicar».


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