viernes, junio 27, 2014

Derribo los dos pilares del lobby LGTB: se nace gay y no se puede cambiar. Es lógico que me odien

Richard Cohen contó su propia historia en «El Gato al Agua» y desgranó todas las razones por las que considera que el cambio es posible

Autor: . | Fuente: Religión en Libertad

Tras el encendido debate del pasado martes 17 en El Gato al Agua, durante el cual Javier Checa, portavoz del colectivo Colegas, reconoció que no han leído el libro que han boicoteado y denunciado, Richard Cohen volvió a los platós de Intereconomía TV para ser entrevistado por Javier Algarra, conductor del programa. (Ver abajo el vídeo de la entrevista completa.)

El autor de Hijos gay, padres heterosexuales (novedad de LibrosLibres objeto de la campaña difamatoria del lobby LGTB), contó con detalle durante el programa aspectos íntimos de su antigua vida como homosexual, y su origen en los conflictos con su padre y hermano y en los abusos sexuales que padeció por parte de uno de sus tíos. Hoy está casado y tiene tres hijos que le apoyan en su tarea.

Y contó una anécdota sucedida en Madrid en estos días, cuando un joven le reconoció y se le acercó en misa, y le agradeció el bien que le había hecho su libro 
Comprender y sanar la homosexualidad
: tras años de lucha contra una atradcción por el mismo sexo no deseada, esa obra le ofreció esperanza y un cambio que fue real en su vida.

Durante la entrevista, Cohen explicó su forma de pensar, las bases de su programa terapéutico, y también las razones de la animadversión de los colectivos homosexuales, que ya había analizado en otra de sus obras, 
Abriendo las puertas del armario
. Y agradeció expresivamente a Javier Algarra, a El Gato al Agua y a Intereconomía TV la posibilidad que le ofrecieron de expresarse: "La mayoría de los medios no harían esto", afirmó refiriéndose a la conversación que habían mantenido.

A continuación recogemos algunas de las frases de Richard Cohen en la entrevista. El vídeo completo puede verse al final.

Extractos de la entrevista de Richard Cohen

"La homosexualidad no es una enfermedad. En el libro hablo de diez causas potenciales, y siempre vienen de heridas en el corazón que no se han solucionado".

"No se trata de cambiar a nadie, sino de aprender a amarles de la manera correcta".

"Científicamente sabemos que nadie nace homosexual. No hay causas genéticas ni biológicas de la atracción al mismo sexo. Si acaso puede haber algo biológico, es el temperamento, son niños extremadamente sensibles y se les hiere fácilmente".

"Es una batalla de amor. Quien ame más y durante más tiempo, gana".

"Es ridículo llamarme homófobo. La definición de homofobia es un miedo irracional a la homosexualidad. Yo amo a todos los homosexuales. [Cuando yo lo era] fui discriminado de una manera terrible, ¿cómo voy a tratar así a un homosexual? Si miras mi trabajo durante treinta años nunca encontrarás una palabra negativa contra la comunidad LGTB".

"Creo en el derecho de los individuos a la autodeterminación. Si alguien quiere vivir una vida homosexual, tenemos que respetarle. Si alguien quiere salir de la homosexualidad y cambiar de ser homosexual a ser heterosexual, también tenemos que respetarle".

"Yo soy una prueba viviente de que el cambio es posible".

"[El lobby gay] tiene miedo. El movimiento homosexual es un edificio que se construye sobre dos pilares: un pilar diceo, hemos nacido así; dos, no podemos cambiar. Ésa es la estrategia y la ideología del movimiento gay. Y en esto llega Richard Cohen y dice: científicamente las personas no nacen así, y por tanto las personas pueden cambiar. Así que les destruyo el edificio. Por eso me odian, es lógico".

"En todos los países del mundo el lobby LGTB en el interior de las organizaciones de psicólogos está intentando impedir que terapeutas como yo podamos ofrecer ayuda y esperanza a aquellos que quieren cambiar y a los miembros de sus familias. Esto no es ciencia, es política. No quieren que se practique esta terapia: si las personas quieren ayuda, hay que negársela [dicen]; esto no es libertad".

"La terapia tiene tras pasos: comprender las causas, resolver cada tema del pasado y crear vínculos con personas heterosexuales e internalizar esa forma de amar. Llevamos haciéndola 25 años con un 85% de éxito".

"Las carencias afectivas por el vínculo masculino (en el caso de hombres), en la adolescencia, se convierten en algo sexual. Y entonces todos dicen: ´Has nacido gay´. No es verdad. Es un niño que está buscando amor y el sexo no se lo va a suplir".

"Los hostiles no son la comunidad homosexual (yo me llevo muy bien con ellos), sino sus líderes, son ellos los que están haciendo un problema de todo esto".

"Si unos padres nos traen un hijo para que le ´cambiemos´, no trabajamos con el hijo, sino con los padres. Les enseñamos a amar a su hijo correctamente, no a cambiarle".

"Yo no vivo para complacer a nadie, sólo a Dios. Vivo para ayudar a aquellos que quieren ser ayudados".

Da un click para ver el video

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Tomado de :catholic.net

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jueves, junio 26, 2014

Para saber cómo conducirse en medio de la confusión


 por Luis Fernando 

Sabiendo, como sabemos, que la Iglesia es el Israel de Dios, no podemos por menos que, como pueblo, echar un vistazo atrás para discernir cuál es el camino a seguir si queremos ser fieles al Señor. Así lo pidió Yavé a su pueblo por medio del profeta Jeremías, que desgraciadamente no le hizo caso:

Así dice Yavé: Haced alto en los camino y ved, preguntad por las sendas antiguas: ¿Es ésta la senda buena? Pues seguidla y hallaréis reposo para vuestras almas. Pero dijeron: "No la seguiremos".
(Jer 6,16)

En mi opinión, uno de los mayores pecados de esta generación -y de la precedente- ha sido la de dejarnos engañar por esa mentira pelagiana que afirma que el hombre es capaz, por sí solo, de identificar el mal, ver sus consecuencias y alejarse del mismo. Pero, sobre todo, el mayor mal que nos aqueja es haber ignorado y/o rechazado los avisos proféticos que recibió la Iglesia por parte de quienes eran cabeza del colegio episcopal a finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Pero eso no es nuevo en el pueblo de Dios:

Yavé, Dios de sus padres, les mandó sus mensajeros constantemente para amonestarlos, pues quería perdonar a su pueblo y a su casa. Pero ellos hicieron escarnio de los mensajeros de Dios y menospreciaron sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Dios contra su pueblo y ya no hubo remedio. 
(2ª Cr 36,16)

Volvió a decir Elías al pueblo: "Sólo quedo yo de los profetas de Yahvé, mientras que hay cuatrocientos cincuenta profetas de Baal". 
(1ª Rey 18,22)

¿Hay algo peor que no atender a lo que Dios nos dice por medio de sus profetas? Pues sí:

Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra. Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos. Y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin? 
(Jer 5,30-31)

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran.¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuan pocos los que dan con ella! Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.
(Mt 7,13,16a)

Para saber cómo conducirse en medio de la confusión, creo necesario lo siguiente:

1. Llevar una vida de oración y sacramental profunda, acudiendo con frecuencia a Misa -a ser posible diariamente- y confesándose regularmente. En cuanto a la oración, aparte de la personal que hacemos sin un guión previamente establecido, en la red existen recursos suficientes como para poder sumergirnos en la fe orante de la Iglesia. Por ejemplo, a través de la Liturgia de las horas.

2- Leer frecuentemente la Biblia. Siempre teniendo en cuenta que su interpretación correcta corresponde al Magisterio de la Iglesia.

3- Practicar la sana costumbre de leer las vidas de los santos y sus escritos. El fuego que emana de su santidad prende fácil en el alma dispuesta a andar en los caminos del Señor.

4- Buscar, a ser posible, un buen director espiritual que nos ayude a discernir los signos de los tiempos y a liberarnos de la tentación de caer en la desesperación, que es una tentación grande para quienes son conscientes de que la fe católica no pasa por sus mejores momentos en esta etapa de la historia. Hay algo más peligroso para el alma que ser profeta y no ejercer de tal: creerse profeta sin serlo y ser instrumento de tropiezo para otros.

5- Mantener una prudencial distancia respecto al jaleo mediático que nos rodea en estos momentos. Pidamos a Dios que nos ayude a ver la actualidad con los ojos del Espíritu Santo, y no con la miopía de nuestros ojos carnales.

Os aseguro que cuando yo no hago todo eso, me hundo en las tinieblas. Y no creo ser ni peor ni mejor, ni más fuerte o más débil que millones de hermanos en la fe.

Paz y bien,



Luis Fernando Pérez Bustamante

Director de Infocatolica

Tomado de: http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/1401030123-para-saber-como-conducirse-en--





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jueves, junio 05, 2014

Educar en el pudor (1) Los años de la niñez

El sentido del pudor se despierta en el hombre a medida que va descubriendo su propia intimidad. El respeto que tiene que tener cada persona por si misma se aprende, principalmente, en la familia.

Autor: J.de la Vega 
Fuente: sontushijos.org



¿Qué es el pudor? A primera vista, un sentimiento de vergüenza que lleva a no manifestar a los demás algo de nuestra intimidad. Para muchos, se trata simplemente de una defensa más o menos espontánea contra la indecencia, y no faltan quienes lo confunden con la mojigatería.

Sin embargo, esta concepción resulta limitada. Es fácil apreciar esto cuando consideramos que, donde no hay personalidad ni intimidad, el pudor resulta superfluo. Los animales carecen de él.
Además, no se extiende solo a las cosas malas o indecentes; hay también un pudor de las cosas buenas, una vergüenza natural a manifestar, por ejemplo, los dones que se han recibido. 

El pudor, considerado como sentimiento, posee un valor inestimable, porque supone darse cuenta de que se posee una intimidad y no una mera existencia pública; pero, además, hay una auténtica virtud del pudor que hunde sus raíces en ese sentimiento, y que permite al hombre elegir cuándo y cómo manifestar el proprio ser a las personas que pueden acogerlo y comprenderlo como merece. 

El valor de la propia intimidad
El pudor posee un profundo valor antropológico: defiende la intimidad del hombre o de la mujer -su parte más valiosa- para poder revelarla en la medida adecuada, en el momento conveniente, del modo correcto, en el contexto propicio. 

De lo contrario, la persona queda expuesta a maltratamientos o, por lo menos, a no ser tomada con la consideración debida. Incluso por parte de uno mismo, el pudor es necesario para alcanzar y conservar la propia autoestima, aspecto esencial del amor al propio yo.

Se puede decir que «con el pudor el ser humano manifiesta casi "instintivamente" la necesidad de la afirmación y de la aceptación de este "yo" según su justo valor»[1]. La falta de pudor manifiesta que la propia intimidad se considera poco original o relevante, de modo que nada de lo que contiene merece ser reservado para unas personas y no para otras.

La belleza del pudor
El término "pudor" -tanto si lo entendemos como sentimiento o como virtud- puede utilizarse en diversos ámbitos. En su sentido más estricto se refiere a la salvaguardia del cuerpo; en un sentido más amplio, abarca otros aspectos de la intimidad -por ejemplo, el del manifestar las propias emociones-; en uno y otro caso, el pudor custodia, en último término, el misterio de la persona y de su amor[2].

Como principio general, puede decirse que el pudor se dirige a que los demás reconozcan en nosotros lo que tenemos de más personal. En lo que se refiere al cuerpo, esto supone reclamar la atención sobre aquello que puede comunicar lo exclusivo y propio de cada persona (el rostro, las manos, la mirada, los gestos...). En esta línea, el vestido está al servicio de esa capacidad de comunicación, y debe expresar la imagen que se tiene de uno mismo y el respeto que se ofrece a los demás. La elegancia y el buen gusto, la limpieza y el arreglo personal aparecen así como las primeras manifestaciones de pudor, que pide (y ofrece) respeto a los que nos rodean. Por la misma razón, la poca virtud en este campo lleva con facilidad a la zafiedad y al descuido en el aseo. En diferentes ocasiones, el prelado del Opus Dei ha exhortado a «vivir y defender el pudor, contribuyendo a crear y difundir una moda que respete la dignidad, protestando ante imposiciones que no respeten los valores de una auténtica belleza»[3].

Algo semejante sucede con el aspecto más espiritual: esta virtud pone orden en nuestro interior, en conformidad con la dignidad de las personas y con los lazos que existen entre ellas[4]. Tener consideración por la intimidad, propia y ajena, permite darse a conocer en la justa medida en los diversos contextos de donación o de respeto en que nos movemos. De este modo, se humanizan las relaciones personales porque cada una adquiere unos matices distintos; esto no solo hace más atractiva la propia personalidad, sino que, a medida que se van compartiendo esferas de intimidad, permite el gozo de la verdadera amistad. 

En la educación en el pudor, por tanto, es imprescindible advertir el sentido eminentemente positivo de esta virtud. «El pudor, elemento fundamental de la personalidad, se puede considerar -en el plano educativo- como la conciencia vigilante en defensa de la dignidad del hombre y del amor auténtico»[5]. Cuando se explica el sentido profundo del pudor -salvaguardar la propia intimidad, para poderla ofrecer a quien de verdad pueda apreciarla-, es más fácil aceptar e interiorizar sus consecuencias prácticas. La meta, entonces, no se pone tanto en que los jóvenes vivan unos determinados criterios de conducta en este terreno, sino en que lo aprecien y asuman como algo que está en la raíz de la estructura del ser personal.

Ejemplo de los padres y ambiente familiar
Como sabemos bien, el buen ejemplo es siempre un elemento esencial en la labor educativa. Si los padres -y otras personas mayores que pueden vivir en el hogar, como los abuelos- saben tratarse con modestia, los hijos comprenden que esas manifestaciones de delicadeza y pudor expresan la dignidad de los diversos componentes de la familia. Por ejemplo, los padres pueden y deben mostrar el cariño que se tienen frente a los hijos, pero sabiendo reservar ciertas efusiones para los momentos de intimidad. En este sentido, san Josemaría recordaba el ambiente del hogar que habían creado sus padres: Y tampoco se hacían simplezas: algún beso. Tened pudor delante de los hijos[6].No se trata de envolver el amor en una máscara de frialdad, sino de mostrar a los hijos la necesidad de la elegancia en el trato, que es ajena a la afectación.

No acaban aquí, sin embargo, las manifestaciones de un sano pudor. La confianza que se da en una familia es compatible con saber estar en casa de un modo coherente con la propia dignidad. Una relajación en las posturas o en el vestir, como usar mucho la bata o cambiarse de ropa delante de los hijos, acaba rebajando el tono humano de un hogar e invita a la dejadez. Especial atención debe tenerse en las temporadas calurosas, pues el clima, las telas más ligeras, y quizás el hecho de estar de vacaciones, abren la puerta al descuido. Ciertamente, cada momento y lugar requiere vestir de un modo adecuado, pero siempre se puede mantener el decoro. Puede que este modo de proceder, a veces, contraste con el clima general, pero por eso es menester que sea tal vuestra formación, que llevéis, con naturalidad, vuestro propio ambiente, para dar "vuestro tono" a la sociedad con la que conviváis[7].

Si el pudor se relaciona, sobre todo, con la manifestación de la intimidad, es lógico que su educación deba abarcar el campo de los pensamientos, sentimientos o intenciones. Por eso, el ejemplo en el hogar se debe extender al modo en que se trata la intimidad propia y la de los demás. Por ejemplo, es poco educativo que las conversaciones familiares traten de confidencias ajenas, o alimenten cotilleos. Junto a las posibles faltas de justicia que puede suponer comportarse así, este tipo de comentarios lleva a que los hijos se consideren con derecho a entrometerse en la intimidad de otros.

De modo análogo, también resulta importante velar por lo que entra en casa a través de los medios de comunicación. En el tema que nos ocupa, el obstáculo principal no es solo lo indecente: esto, como es claro, debe evitarse siempre. Más oscuro resulta el modo en que algunos programas televisivos o revistas hacen comercio y espectáculo de la vida de las personas. En ocasiones, de un modo invasivo, que atenta contra la ética de la profesión periodística; otras veces, son los mismos protagonistas quienes obran inmoralmente y se dedican a satisfacer curiosidades frívolas o incluso morbosas. Unos padres cristianos han de poner los medios para que este "mercadeo de la intimidad" no entre en el hogar. Y explicar los motivos de ese proceder: el respeto y el derecho a la legítima decisión de ser uno mismo, a no exhibirse, a conservar en justa y pudorosa reserva sus alegrías, sus penas y dolores de familia[8]. La excusa que suele ponerse a ese tipo de programas, el derecho a la información o el consentimiento de quienes en ellos participan, tiene sus límites: los que derivan de la dignidad de la persona. Nunca es moral dañarla injustamente, aunque sea el propio interesado quien lo haga.

Desde pequeños
El sentido del pudor despierta en el hombre a medida que va descubriendo su propia intimidad. Los niños pequeños, por el contrario, con frecuencia se dejan dominar por la sensación del momento; por ello, en un ambiente de confianza o de juego, no es difícil que descuiden el pudor, quizá incluso sin una particular advertencia. Por eso, durante la primera infancia, la labor educativa ha de centrarse en consolidar hábitos que más adelante facilitarán el desarrollo de esta virtud. Conviene, por ejemplo, que aprendan enseguida a lavarse y a vestirse por sí mismos. Y, antes de haber conseguido este objetivo, se ha de procurar que en esos momentos el niño no esté a la vista de sus hermanos. También, en cuanto sea posible, han de ejercitarse en cerrar la puerta de su habitación si se cambian de ropa, y a poner el pestillo cuando van al cuarto de aseo. 
Son cosas de sentido común, que quizá hemos olvidado en una sociedad de costumbres un tanto naturalistas, y que tienen como fin ir formando en el pequeño hábitos racionalmente asumidos, que el día de mañana facilitarán las auténticas virtudes. Por eso, si en alguna ocasión el pequeño se presenta o corretea por la casa olvidándose del pudor, no hay que dramatizar, pero tampoco reír la gracia -eso se deja para cuando esté ausente-. Conviene, en cambio, corregir con cariño, y aclarar que no se ha comportado bien. En cuestiones de educación, todo tiene importancia, aunque haya cosas que en sí mismas parezcan intrascendentes o que a esas edades no significan nada.

A la vez, los niños deben ir aprendiendo a respetar la intimidad de los demás; nacen egocéntricos, y solo poco a poco van "descubriendo" que los demás no viven para ellos, y merecen ser tratados como a ellos les gustaría. Este avance gradual se puede concretar en múltiples detalles: enseñarles a llamar a la puerta -y, lógicamente, a esperar la respuesta- antes de entrar en una habitación; o explicarles que deben salir de una habitación cuando se les invita a hacerlo, porque los mayores quieren hablar a solas. También habrá que contener su afán de explorar -propio de estas edades tempranas- armarios y otras cosas personales de los habitantes del hogar. Así se van acostumbrando a valorar la esfera privada de los demás y, a la vez, a descubrir la propia. Y se sientan las bases para que, cuando crezcan, sean capaces no solo de respetar a las personas por lo que son -hijos de Dios-, sino también de poseer ellos mismo ese buen pudor que reserva las cosas profundas del alma a la intimidad entre el hombre y su Padre Dios, entre el niño que ha de intentar ser todo cristiano y la Madre que lo aprieta siempre en sus brazos[9].


[1] Cfr. Beato Juan Pablo II, Audiencia General, 19-XII-1979.
[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2522.
[3] Mons. Javier Echevarría, Encuentro público de catequesis en Las Palmas de Gran Canaria, 7-II-2004. 
[4] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2521.
[5] Congregación para la Educación Católica, Orientaciones educativas sobre el amor humano, n. 90.
[6] Predicación oral de san Josemaría, recogida por Salvador Bernal en "Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer", ed. Rialp, Madrid, p. 19. 
[7] Camino, n. 376.
[8] Es Cristo que pasa, n. 69.
[9] San Josemaría, Artículo La Virgen del Pilar en "El libro de Aragón", CAMP, Zaragoza 1976. Publicado también en www.sanjosemaria.info.

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martes, junio 03, 2014

El Papa señala los tres pilares del matrimonio cristiano: «fidelidad, perserverancia y fecundidad»


COMO CRISTO AMA A SU IGLESIA


El papa Francisco ha hablado de las características de un auténtico matrimonio cristiano durante la homilía de esta mañana en la misa de la Casa Santa Marta: «Fiel, perseverante y fecundo», como es el amor que Jesús tiene hacia la Iglesia, su Esposa. El Papa ha pedido a los matrimonios que no pueden tener hijos que tomen la fuerza de la fecundidad que Jesús tiene con su Iglesia, al mismo tiempo que ha sentenciado que al Señor no le gustan los matrimonios estériles por elección.


(Zenit/InfoCatólica) Unas quince parejas, quince historias matrimoniales, de familia, que comenzaron hace 25, 50 y 60 años se encontraban hoy frente al altar, junto con el papa Francisco, para dar gracias a Dios por su camino. Ha sido una escena insólita en la capilla de la Casa Santa Marta, que ha ofrecido al Papa la ocasión de reflexionar sobre los tres pilares que en la visión de la fe deben sostener un amor conyugal: fidelidad, perseverancia, fecundidad.

Modelo de referencia, explica el Papa, son los «tres amores de Jesús» por el Padre, por la Madre, por la Iglesia. «Grande» es el amor de Jesús por esta última, ha afirmado el papa Francisco. «Jesús se casó con la Iglesia por amor». Es «su esposa: bella, santa, pecadora, pero la ama igual», ha añadido. Y su forma de amarla demuestra las «tres características» de este amor.

Lo ha explicado así: «es un amor fiel; es un amor perseverante, no se cansa nunca de amar a su Iglesia; es un amor fecundo. ¡Es un amor fiel! ¡Jesús es el fiel! San Pablo, en una de sus Cartas, dice: 'Si tú confiesas a Cristo, Él te confesará a ti, delante del Padre; si tú reniegas a Cristo, Él te renegará a ti; si tú no eres fiel a Cristo, Él permanece fiel, porque ¡no puede renegarse a sí mismo!' La fidelidad es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús en su Iglesia es fiel. Esta fidelidad es como una luz sobre el matrimonio. La fidelidad del amor. Siempre».

Perseverancia en medio de las pruebas


Fiel siempre, pero también incansable en su perseverancia. Precisamente como el amor de Jesús por su Esposa. Por ello, el Pontífice ha explicado que «la vida matrimonial debe ser perseverante, Porque de lo contrario, el amor no puede ir adelante. La perseverancia en el amor, en los momentos bonitos y en los momentos difíciles, cuando hay problemas: los problemas con los hijos, los problemas económicos, los problemas aquí, los problemas allí. Pero el amor persevera, va adelante, siempre buscando resolver las cosas, para salvar la familia. Perseverantes: se alzan cada mañana, el hombre y la mujer, y llevan adelante la familia».

Crítica de la esterilidad por elección


El tercer rasgo comentado por el Santo Padre ha sido la «fecundidad». El amor de Jesús «hace fecunda la Iglesia con nuevos hijos, bautismos, y la Iglesia crece con esta fecundidad nupcial». Asimismo, ha subrayado que en un matrimonio esta fecundidad puede ser a veces puesta a prueba, cuando lo hijos no llegan o están enfermos. En estas pruebas, ha añadido, hay parejas que «miran a Jesús y toman la fuerza de la fecundidad que Jesús tiene con su Iglesia». Mientras, del lado opuesto, «hay cosas que a Jesús no le gustan», los matrimonios estériles por elección.

Y concluye el Papa: «estos matrimonios que no quieren hijos, que quieren quedar sin fecundidad. Esta cultura del bienestar de hace diez años que nos ha convencido: '¡Es mejor no tener hijos! ¡Es mejor! Así tú puedes ir a conocer el mundo, de vacaciones, puedes tener una casa en el campo, tú estás tranquilo...' Pero es mejor quizá -más cómodo- tener un cachorro, dos gatos, y el amor va a los dos gatos y al cachorro. ¿Es verdad o no esto? ¿Lo habéis visto vosotros? Y al final, este matrimonio llega a la vejez en soledad, con la amargura de la mala soledad. No es fecundo, no hace lo que hace Jesús con su Iglesia: la hace fecunda».

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